The World Ends with You — Final Remix: Si el mundo no acaba contigo, lo hará este port

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25 octubre, 2018

Hay algo que me toca mucho las narices cuando me gasto el dinero en un juego. No, no es el DRM, o los DLC abusivos, o ni siquiera jugarlo sólo un par de horas o no llegar ni a desprecintarlo. Es gastarme el dinero en una chapuza.

Antes de leer, no perdáis la oportunidad de poneros de fondo la magistral sesión que se cascó mi compañero Zero con la música del juego.

¿Qué es para mí una chapuza? Para empezar, diré que soy una persona muy perfeccionista, pero no de esas que entiende la perfección como la atención a nivel microscópico de cada detalle; me gustan los trabajos bien hechos, y creo que es obligación de cada uno, en lo suyo, hacer las cosas bien —léase ese bien de forma contundente, en un solo golpe de voz y con un ligero y seco asentimiento de cabeza—. Por eso, es superior a mis fuerzas encontrarme en una de esas situaciones en las que se podría crear el clásico meme de You only had one job.

‘The World Ends with You’ es uno de esos títulos que venden consolas, no en el sentido al que estamos acostumbrados, sino al más literal de la palabra. Este JRPG exprimía todas las bondades mecánicas de la difunta Nintendo DS en una traslación sinestésica y casi perfecta de su universo colorido, pseudodesquiciado e histriónico. Si la máquina tuviese que tener un manual acerca de todas sus funcionalidades, vendría empaquetado en forma de las aventuras de Neku y compañía: combates simultáneos en doble pantalla, utilizando a la vez el micro, el stylus, aprovechando el reloj interno para influir en la evolución del equipo… Un combo ecléctico y heterogéneo que funcionaba con la precisión de un reloj; un reloj con muchas manillas retorcidas y de colores chillones al que daba reparo acercarse, pero que resultaba irresistible y casi perfecto si no retrocedías ante la primera impresión. Ojo, no nos engañemos: ‘TWEWY’ brilla a nivel de mecánicas, pero si por algo funcionó el título, fue por sus aires de diseño kingdomheartianos y su encuadre dentro del género fetiche de los aquí llamados otakus. Sí, aquéllos que por aquel entonces coincidían casi 1:1 con los denominados frikis que devoraban juegos de rol japonés con personajes andróginos y estéticas imposibles como si fuesen ramen instantáneo.

¿Conocéis el dicho de «si algo funciona, no lo toques»? Muchas veces nos enfrentamos a obras tan fantásticas que entran en conflicto nuestros deseos de tener más y nuestro miedo ante la posibilidad de cargarse algo tan maravilloso. Square-Enix ya adaptó ‘The World Ends with You’ a dispositivos táctiles mediante una poda que, a pesar de ser bastante agresiva a nivel de control —que se reducía a una pantalla capacitiva— funcionaba. El problema viene cuando, con la ley del mínimo esfuerzo por bandera, ni cortos ni perezosos deciden lanzar la versión definitiva en Switch bajo el nombre de ‘The World Ends with You — Final Remix’. ¿Y cuál es el modus operandi? Muy sencillo:

— Te pasas por el forro la naturaleza portátil de la consola y obligas a la gente a interactuar con una pantalla táctil con un formato poco apropiado para ello, capacitiva, teniendo acoplados por narices los Joycon para que el armatoste sea más voluminoso e incómodo aunque no vayas a usarlos para nada. Sí, para nada. Ni para moverte, ni para navegar por los menús. Nada. Todo se hace con controles táctiles.

— Cuando el primo de tu abuela que no ha hecho juegos en su vida y al que le has pedido que piense cómo portear ‘TWEWY’ tu equipo de diseño se da cuenta de que, si la consola está metida en el dock, no se puede hacer nada táctil, en vez de optar por el mal menor y dejar la chapuza limitada al lanzamiento de un juego sólo disfrutable en modo portátil —como lo fue ‘Voez’ en su día— sale con la maravillosa idea de emular el stylus mediante el uso de un Joy-Con. Esta mecánica funciona genial. Genial si eres un mono borracho que se ha construido una especie de Wiimote con el acelerómetro de un móvil del año 2008 y esperas que el juego responda en consonancia a esto (al acelerómetro y a la borrachera).

Así pues, me he encontrado disfrutando de esta maravilla de dos maneras distintas: con los Joy-Con en el bolso y la pantalla de la Switch en la mano cual espantosa y anacrónica tableta china de cuarenta euros, y con la máquina pinchada en la tele, sufriendo cada treinta segundos, literalmente, la desincronización del puntero y su reticencia absoluta a dejarme seleccionar o abarcar nada englobado en la esquina superior izquierda de la pantalla. Ni recalibración, ni dejar en una superficie horizontal ni pines en vinagre.

‘The World Ends with You — Final Remix’ no funciona. Es una chapuza, una adaptación mal implementada que demuestra una falta total de cuidado del producto y, lo que es peor, del respeto por el consumidor. Pero bueno, ¿qué respeto me va a tener Square-Enix como cliente si soy la primera imbécil que vuelve a pagarles por un juego que ya pagué y jugué en su día, y que es una versión a todas luces peor?

A mí no me vais a leer hablar de ochos y nueves, de que luce fantástico en Switch, cual bombilla incandescente, y de que el control tiene sus problemillas pero igual que los tenía el original al pasarse de transgresor. Estamos en 2018 y es intolerable que para poder disfrutar de un juego tengas que pelear hasta conseguir obviar este tipo de problemas con la experiencia de usuario. Olvidad la versión de Switch, su capítulo adicional, su OST remasterizada que personalmente desactivé a los cinco minutos e intentad conseguir una Nintendo DS con una copia original. Si el inglés es un problema, hay una traducción fan maravillosa dando vueltas por ahí. Pero no le deis dineros a Square-Enix por esta chapuza. A ellos ni a nadie. Y a mí, dadme una somanta de palos, porque me la merezco.

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