Perdidos en…
Valdis Story: Abyssal City

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26 julio, 2018

¡Saludos, viajeros de lo jugable y turistas digitales! ¿Habéis gozado con las vacaciones virtuales que os propusimos en Arcanum y Skyrim? Si es así, nos alegra poder proponeros en esta ocasión un nuevo destino que visitar, explorar y (por supuesto) jugar a fondo. Siguiendo con la tónica de aliviar el calor veraniego con terrenos fresquitos imaginarios, os llevamos a una ciudad congelada en las profundidades del mar, hogar de los últimos adoradores de una diosa a la que el mundo da por muerta, y campo de batalla entre los ángeles y demonios que forman las huestes de sus dos hijas.

Nos conduce ahí la expedición de Reina, una luchadora de sangre angélica, y Wyatt, un semidemonio diestro con la espada, quienes han caído a la extraña urbe tras un inesperado naufragio y deben ahora encontrar a sus compañeros de tripulación, desentrañar los secretos de la Ciudad Abisal, y salir de allí con vida. ¡Mucha tarea por hacer! Menos mal que acompañarles en su misión nos va a llevar por paisajes extraordinarios y a permitir contemplar vistas exhuberantes, y que en esta somera guía para el visitante os vamos a (intentar) ayudar a sacarle todo el partido posible a vuestra estancia.

Nuestro punto de llegada son las Ruinas de Tagrum, cubiertas de nieve y hielo, testamento de (y primer contacto con) la pasada grandeza de esta metrópolis perdida. En su seno tendremos nuestros primeros combates con los demonios que hacen la guerra en las ruinas, y con el primero de los poderosos jefes finales que tendremos que vencer en nuestra aventura; aquí también tendremos nuestro primer contacto con los ferales, temibles criaturas que acechan en las ruinas de la ciudad atacando a todo lo que se mueve, en la forma del temible Yeti, uno de los jefes opcionales del juego. Mas no todo es hostilidad y muerte: en este distrito encontraremos el asentamiento de Tagrum, uno de los que reúne a la población humana que sobrevive en la Ciudad Abisal, al que nos conducirá una de sus habitantes –y nueva integrante de nuestra tripulación a partir de ahora– para hablar con el anciano que les lidera.

Wyatt se enfrenta a un demonio
Entrando a Tagrum

La tumba de Peche en el antiguo Mausoleo
el gigantesco feral de las Criptas Heladas

Desde este punto de partida, nos tocará marchar hacia el este, atravesando la solemnidad del Antiguo Mausoleo, donde además de a los primeros adversarios angélicos (capitaneados por un jefe de impresionante figura y dolorosos ataques) encontramos la tumba de Peche, homenaje de los creadores del juego a un ser querido difunto; allí, más adelante, podemos dejar flores, y recibir a cambio una mejora de salud. Debajo del Mausoleo esperan las Criptas Heladas, donde el frío reinante es tan tremendo que nuestra salud irá disminuyendo poco a poco si no nos protegemos con un elixir especial que venden en Tagrum; apoquinar los recursos que pide su vendedora a cambio es una idea de lo más recomendable, dado que los ferales de hielo que habitan las Criptas, y sobre todo el gigantesco monstruo que guarda su salida, no van a darnos tregua por mucho que tiritemos.

Así es como llegaremos a la segunda de las poblaciones de la Ciudad Abisal, Hrukk, donde ayudaremos a restablecer el sistema de conexión por funicular (lo llaman tranvía, pero es un condenado funicular) con Tagrum, y encontraremos a uno de nuestros perdidos compañeros de viaje. Para ayudarle, tendremos que ir más hacia el este, atravesando la Pasarela Central hasta los Jardines Abandonados; en este exhuberante vergel, aparte de admirar la vegetación y enfrentarnos a los demonios venenosos que lo habitan, podemos encontrar una flor medicinal que ayudará a nuestro amigo… si somos capaces de derrotar al guardián que la custodia. De paso, en uno de sus recovecos hallaremos la primera de las llaves que nos permitirán acceder a más lugares de la Ciudad Abisal, la Llave Esqueleto.

Con nuestro amigo ya curado, recibiremos una segunda llave, la Llave de la Biblioteca, que nos franqueará el paso al susodicho lugar de conocimiento, situado justo debajo de la Pasarela Central. Ahí iremos reuniendo a nuestros compañeros de fatigas a medida que les vayamos encontrando, y podremos visitarles para que nos proporcionen equipo o nos enseñen habilidades necesarias para seguir progresando por la ciudad.

Y hablando de progresar, el siguiente paso de nuestra visita es en dirección oeste. Ya sea atravesando las filas ferales por la Pasarela Oeste, o atreviéndonos a navegar por los túneles de inmundicia de las Alcantarillas, alcanzaremos la tercera de las poblaciones, Ishk. Justo debajo de ella se encuentra el Templo del Guardián, donde el calor reinante y las llamas serán un enemigo casi tan terrible como los demonios de fuego que habitan el lugar; tendremos que aventurarnos allí para rescatar el martillo de herrero de Sezzi el Monje, anciano de Ishk, de manera que pueda forjar para nosotros mejores armas y armaduras.

El 'tranvía' de Tagrum
Batalla en los Jardines Abandonados

Un momento chispeante en el Palacio del Ingeniero
En la Biblioteca

A partir de ahí, el camino se vuelve más abierto, y será aconsejable volver sobre nuestros pasos para abrir nuevos caminos. Por el oeste, y una vez hayamos obtenido las llaves adecuadas (o los hechizos necesarios), tendremos que visitar la Mina de Cristal de Maná, vecina a Ishk y de inestables galerías llenas de enemigos venenosos, y el Palacio del Ingeniero, una pesadilla de tecnología y descargas eléctricas cuya entrada se encuentra al final de la Pasarela Oeste. En el este aguardan la Prisión Hundida, una mazmorra que sirve además de refugio a los antiguos convictos, y más allá de ella el Santuario, destino último de nuestro viaje al que no podremos acceder hasta el final. De menores dimensiones, pero no por ello indignos de atención, son la Fosa y el Santuario, sendas áreas situadas accesibles desde las profundidades de las alcantarillas que esconden cada una a un poderoso avatar de una de las diosas detrás del conflicto entre ángeles y demonios. Por último, conviene no olvidar el Ziggurat, una enorme construcción a la que se llega atravesando las Ruinas de Tagrum, y en la que reside Gernot la Torre, el general en jefe de los demonios.

Los cuatro héroes

Con dos personajes jugables iniciales, y otros dos que podemos desbloquear, todos ellos con estilos de juego muy diferentes, ‘Valdis Story: Abyssal City’ nos impulsará a repetir la visita a la urbe bajo las aguas que le da título para conocer mejor sus exhuberantes (y peligrosos) parajes, revelar todos los secretos y tesoros que oculta, y conocer un poco más de los integrantes de la expedición de Wyatt y Reina. En el peor de los casos, para una visita intensa da más que de sobra.

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