El terror que vino de Oriente

Kuon

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13 junio, 2016

En esta casa, comentamos hace ya un tiempo lo que para cada uno de nosotros significaba el terror. El octavo número de GameReport supo, en cierta manera definir la palabra terror más allá de lo que mucha gente relaciona con éste, ofreciendo una interpretación diferente; y es que, por mucho que duela admitirlo, gran parte del público —ya no sólo de los videojuegos— tiende a asimilar el miedo con los sustos, las apariciones imprevistas y todo lo relacionado con aquello que no se ve venir. No es así, nunca lo fue, y esperemos que nunca lo sea. Esta corriente ha provocado un problema que venimos sufriendo desde hace algún tiempo y que pocos han visto llegar a tiempo. Los desarrolladores actuales han preferido optar por esa tendencia generalista que comentaba anteriormente en vez de desarrollar un concepto diferente de terror, en vez de desmembrarlo aún más si cabe. Es una tendencia de la cual ha tomado conciencia hasta el propio Shinji Mikami, que anunciaba en GameReactor su preocupación por un género que está en crisis creativa, sumido en un círculo vicioso del que no parece salir y donde se encasquilla sin remedio, claro. Por tanto, cansado de esta monotonía que sabe ya a comida insípida, decidí indagar en épocas pasadas para terminar aquellos títulos pendientes que habían permanecido encerrados en una lista, esperando a ser valorados por un mendrugo como yo, y con la esperanza de encontrarme algo que me hiciera sentir pánico, terror, o como quieran llamarlo. ‘Kuon’ apareció como un eco del pasado dispuesto a cobrar su protagonismo; le concedí dicho privilegio debido a que lo dejé abandonado por otro título del cual ya ni me acuerdo. Él no se lo merecía, o eso entendía que me quería decir el propio videojuego. Era mucha casualidad estar lamentándome por el fenómeno que actualmente se está apoderando del género del terror, y que de la nada apareciera un juego que, precisamente, rompía los esquemas que maldecía.

kuon

Me sumergí en el título de From Software: esos amados japoneses míos, dignos de unos cuantos abrazos y responsables de tantas horas gastadas viendo nuestro número de almas decrecer como la economía de este país. Iba con la esperanza de no toparme con un título que se enfocara sólo en lo que he relatado anteriormente: aunque no los hubiera con tanta proporción como se encuentran actualmente, juegos de sustos los ha habido siempre. Pero ‘Kuon’ no se sostiene por los sustos, va más allá. Al pasar por el menú, con unas voces infantiles entonando una canción que no invita precisamente a la seguridad, te das cuenta de que ‘Kuon’ va directo a la tensión, a crear un batiburrillo de sensaciones en el que te sientes incómodo y anhelas sentirte a salvo en todo momento, aunque el peligro no aparezca por ninguna parte. Y resulta tremendamente curioso que el primer momento donde conoces a ‘Kuon’ sea en la música de su menú, en lo que te invita a pensar de él; esto lo comento, básicamente, debido a que los silencios incómodos son constantes, parte de la atmósfera. Precisamente eso funciona como un trampolín perfecto para sumergir al jugador en un terreno que acongoja y no frena en su lucha por crearnos una gran sensación de inseguridad.

Los primeros minutos traen consigo un perfume del estilo de terror japonés, y de ese perfume emana la fragancia durante todo su recorrido. Hay muchas escenas que nos trasladan irremediablemente a las obras de terror reconocidas de Takashi Shimizu o de Hideo Nakata, lo cual no resulta ni mucho menos una copia descarada de películas como ‘Ju-on: The Grudge’, sino simplemente pequeños brochazos en una ambientación que impregna todo con una personalidad propia. En dichos primeros minutos, nos topamos rápidamente con el primer cadáver, y es ahí cuando hace aparición la figura de la muerte que tantas veces veremos en el propio videojuego. Sakuya KuonY no hablo de una muerte como representación de la dificultad del título, hablo de la muerte como esa dama que se aparece en las paredes manchadas de sangre, en los cuerpos que yacen en el suelo y en los innumerables momentos en los que notaremos su brisa corriendo por nuestro cuello. Es en ese momento, al ver el primer cadáver, cuando tomamos el control de nuestro destino y el terror empieza a llamar a nuestra puerta, pero no lo hace ni mucho menos a golpes: se mete suavemente en una atmósfera que acongoja, con la única iluminación de las antorchas en el camino y el farolillo que llevas contigo. ‘Kuon’ cumple perfectamente una función común en los juegos de terror; nos hace sentir solos en un mapeado que rezuma demencia y que se mete en nuestro cerebro para hacernos creer, precisamente, que no estamos solos, que el peligro acecha allá donde miremos. Y es que esa falsa soledad aparece como uno de esos clichés que se utilizan normalmente en todo lo que tenga que ver con el terror, pero claro, no todo el mundo lo sabe medir de forma correcta. En ‘Kuon’ es esa misma soledad la que nos hace imaginar realidades distintas, dar una mirada diferente a un momento específico donde por un momento te sientes seguro y al siguiente te aborda el miedo, el pánico irremediable de sentirse totalmente en peligro de muerte. Todo esto radica del mismo lugar de donde nace gran parte del encanto de ‘Kuon’: en nuestra propia imaginación.

‘Kuon’ se siente bien en los silencios incómodos. El pánico del silencio suele dar paso a la incomodidad de sentirse solo en un ambiente lúgubre y con demonios pululando por las habitaciones contiguas; en dichos demonios, en dicha escenografía, se observa una clara decisión por transformar las bellas habitaciones japonesas en auténticas salas de la locura. La deformidad, la sangre que se resbala por el marco de una puerta y el sublime tintineo con el que se desliza el miedo a lo desconocido, hacen de ‘Kuon’ una apuesta perfecta para salir de las fronteras que nos impone una sociedad de sobresaltos y giros repentinos de cámara. Indudablemente, ‘Kuon’ no será sólo ese título que juega con el terror desde el punto de vista psicológico en todo momento, en absoluto: en su trayecto —corto, pero intenso— no se descartan sustos (no demasiado abundantes) que salen de la nada cuando, precisamente, el jugador se siente a salvo.

La historia, en cambio, no juega tanto con la originalidad en su planteamiento y, aunque tétrica, busca jugar con la desaparición, algo ya visto en diferentes ocasiones. Ni mucho menos es un desacierto teniendo en cuenta lo que lleva detrás de sí, en su parte jugable, pero se echa de menos una vuelta de tuerca que nos sorprenda. Donde sí triunfa como un producto narrativo excelente este ‘Kuon’ es en los pequeños detalles que guarda la propia historia. En el progreso del juego, podremos ver según avanzamos una deformación del alma humana. Se puede palpar en todo momento esta sensación, dado que además de rasgar poco a poco la cordura y la apariencia, el propio ‘Kuon’ se encarga de hacernos conocedores de lo oscuro que se está tornando algo que parecía tan simple como buscar a un familiar cualquiera. No repara en mostrar la crudeza que supone la pérdida del valor humano, del amor profundo que ahora está siendo profanado por la oscuridad más malévola, y es más: te hace protagonista de una auténtica historia plagada de surrealismo al más puro estilo Clive Barker, con monstruos nacidos de la locura.

‘Kuon’ se siente bien en los silencios incómodos

Entrando por último en el terreno de la jugabilidad, la de ‘Kuon’ se asemeja a lo que ya pudimos ver en títulos del género como ‘Project Zero’ o ‘Clock Tower 3’ en la propia consola de Sony. Disponemos de una vista en tercera persona y nos moveremos por mapas que resultan algo enrevesados en un principio, pero por los que después nos moveremos como pez en el agua. Dichos mapas traen consigo diferentes puzles que, aunque no son complicados, deberemos sortear correctamente; así pues nos toparemos con puzles donde tengamos que encontrar ciertos objetos, u otros donde debemos resolver unos rompecabezas que, para qué mentirnos, son un poco simples. Es ahí precisamente donde ‘Kuon’ peca, pues aunque tiene una atmósfera que pocas veces he visto en el género, echo en falta una dificultad añadida tanto a los puzles como a los combates. Estos últimos son un mero trámite que no costará sortear y, para colmo, la salud de nuestro personaje puede ser recuperada con tan sólo pulsar un simple botón: este método de recuperación de salud hace que nuestro personaje medite durante unos segundos para volver a un estado de calma donde no pierda los papeles y pueda seguir combatiendo demonios a diestro y siniestro.

Kuon

Al finalizar el propio videojuego es cuando te das cuenta de los numerosos aciertos que tiene ‘Kuon’ y de algunos fallos que pasan básicamente por la jugabilidad. Es un título que mete al jugador en las entrañas de la locura y le obliga a conocerla por medio de una sensación de terror psicológico que rara vez se ha podido comprobar en un videojuego, al menos por parte de un servidor. Por otro lado, ese viaje a las entrañas de la locura y esa falsa soledad de la que hablaba antes, se echa un poco a perder tanto con los combates que nos ofrece, como con los puzles que debemos resolver: son sosos, les falta hacernos comer el tarro y en ocasiones da la sensación de que están puestos porque sí, en un intento por hacer el título un poco más largo. El caso es que al terminar ‘Kuon’, he comprobado que mi añoranza por el género es aún mayor de la que tenía antes de jugar el título de From Software. Porque no, ya no nos atrevemos a sumergirnos en la maldita locura, ni buscamos sensaciones que machaquen nuestro estilo de supervivencia, ya ni siquiera queremos saber qué es el terror. Nos conformamos con enfrentarnos a videojuegos que se disfrazan para luego mostrar algo que, verdaderamente, de terror tiene más bien poco, lo mínimo, algo que casi ni se puede notar y mucho menos sentir. Ojalá volvieras, terror: ojalá nunca te hubieras ido.

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