Darkest Dungeon, no veo nada y todo me mata

por

17 mayo, 2018

Creo que la banda sonora de mi vida sería ‘Oops!… I Did It Again’. Porque lo he vuelto a hacer: he pagado por un juego que probablemente ya tenía — me da pánico mirar mi lista de claves sin canjear de Steam — y encima he pagado más. Ya introduje el tema hace un par de semanas, y aquí estoy, viniendo a hablar del jueguecito en cuestión: ‘Darkest Dungeon’. Tampoco me estaría lamentando si la jugada hubiese merecido la pena, pero con este título en concreto estoy en uno de esos no eres tú, soy yo. O quizá sí que es él, no sé.

‘Darkest Dungeon’ es uno de esos exitazos early access que tiraba del cocktail estrella para enganchar a todos los peceros amantes de las fórmulas antiguas — roguelikes, roguelites, rol y demás declinaciones rollo latín — y que ha sido calificado como (haceos los sorprendidos) «el Dark Souls del rol por turnos». Ahí es nada. A mí personalmente me llamaron dos cosas: la primera, que salía para Nintendo Switch. La segunda, que todo el mundo hablaba de lo extremadamente viciante que es, uno de esos «una sala de la mazmorra más» y te dan las cuatro de la mañana.

Darkest Dungeon

Lo cierto es que no he visto nada de eso. Literalmente, no he visto casi nada, porque jugar en modo portátil es un ejercicio digno de graduarse la vista. Y ‘Darkest Dungeon’ puede ser muchas cosas, pero desde luego, no es un juego sencillo, y la primera advertencia llega con la caterva de tutoriales que saltan cada vez que pulsamos un botón durante los primeros minutos de juego. Si sólo fuese la fuente de seis píxeles de altura, podría pasar, pero es que además la información es confusa y muy sesgada. Te presentan todos los conceptos por encima, como si fuesen algo canónico de todos los juegos del género y tuvieses que estar ya tremendamente familiarizado con ellos, pero no es el caso.

Aun así, como aquí hemos venido a jugar — y nunca mejor dicho — me he puesto un poco en modo YOLO y me he metido en la primera mazmorra con lo poquito que he pillado de la introducción: un buen puñado de antorchas, medicinas y una muda. El resultado ha sido desastroso, por supuesto. Lo de la luz lo tengo controlado: a más luz, más fácil; a menos luz, mejores recompensas. Pero de repente, los miembros de mi grupo se vuelven locos. Otras veces se vienen arriba y meten de lo lindo. A veces de un golpe se quedan sin vida y aguantan varios turnos en pie, mientras que otras, les soplan un poco y se van a la mierda. Y con los enemigos… pues qué decir. Que igual te hacen un arañazo de un punto de vida que le saltan las muelas a todo el grupo de un solo ataque. En esas me quedo con cara de imbécil, me vuelvo al poblado y me compro unos héroes nuevos, porque ya saben: roguelite. Menos mal que no me he enterado muy bien de cómo se mejoran los personajes no me da tiempo a subirles mucho los stats, y por tanto, no me duele mucho la pérdida.

Darkest Dungeon

Creo que ‘Darkest Dungeon’ tiene dos huesos difíciles de roer: el primero, que necesitas tener muy claro cómo funciona cada uno de sus pequeños engranajes que, innegablemente, están diseñados con mucha atención y mimo. Si no consigues pasar de ahí, es muy complicado que superes el segundo: el componente de aleatoriedad. Me gustan los juegos que impliquen un reto, pero en éste, es tremendamente inmisericorde y no perdona ni un sólo error, por lo que mi manera de jugar hasta el momento, intentando descifrar poco a poco todos los entresijos de sus mecánicas, me está suponiendo un enorme desgaste. Y la verdad, tengo demasiada tralla en el backlog como para pasarme las horas dejando que me acuchillen, envenenen y conduzcan a la locura en una laberíntica mazmorra podrida.

, , , , , ,

Suscríbete a GameReport

¿Quieres apoyar el proyecto? ¡Conviértete en suscriptor y accede a ventajas exclusivas!

Suscríbete

Quizás te interese...