Tetris Effect y los biorritmos que insuflan vida al clásico

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23 enero, 2019

Fue noviembre, parece que ha pasado una eternidad. Semanas con la versión digital reservada, el fondo de pantalla dinámico instalado desde que estuvo disponible. El tema que sonaba en su revelación pública, ‘I’m yours forever’, era una delicia; una obra repleta de sentimiento, una carta de presentación intencionada para servir de compañía a la voz de un narrador que nos explicaba qué era aquel síndrome bautizado como ‘Tetris Effect’. Me sentía tan identificado… ¿Cuántas horas de mi vida habría dedicado al clásico en la primera portátil de Nintendo? ¿Cuántas horas a los que aparecerían después? Tener la posibilidad de jugar a una revisión dirigida por Tetsuya Mizuguchi, padre de ‘Lumines’ y de ‘Rez’, era algo que, sin saberlo, había estado esperando desde que era un crío. Tras no sé cuántas reproducciones del tráiler de lanzamiento, llegó el momento de jugarlo. Y no defraudó. Al clásico se añadía ritmo, y no hablo de velocidad. Lo primero que sentí al jugarlo fue el feedback en el mando, una vibración acompasada que seguía el tempo de la música, y a su vez a los efectos visuales, a las animaciones que envolvían el espacio de juego. La sensación de cerrar los ojos y notar un latido. En pantalla delfines y elefantes, tribus en ceremonias de adoración envueltas en fuego. Molinos volando. ‘Tetris Effect’ estaba transmitiendo vida a través de todo el sistema de respuesta y estímulos que conformaba su propuesta sinestésica. ‘Rez VR’ ya lo hacía de alguna forma, pero no estaba tan orientado a los elementos biológicos. La propuesta de este ‘Tetris’ era casi mágica; mi juego de 2018.

A su disfrute ayudó una banda sonora a la altura de las obras dirigidas por el genio de la sinestesia. No faltaron a la cita sonidos electrónicos orientados a la pista de baile, pero como novedad aparecería una serie de composiciones tribales que encajarían con ese mensaje empeñado en abrirnos una ventana a las bases de la naturaleza y del ser humano. Un cara a cara entre la evolución y elementos primitivos. No negaré que me moría de ganas de echarle el guante a su banda sonora, pero esperaba hacerlo de otra forma, con una edición publicada de toda ella, y no capturando el sonido de su modo teatro. Un trabajo extra que ha merecido la pena. No he incluido el listado de canciones al completo, he dejado tres composiciones fuera para que la sesión no perdiese la forma que deseaba darle. El resultado espero que sea de vuestro agrado. Cuarenta y cuatro minutos de gozo, de música con un nivel de matiz y sentimiento que es capaz de erizar de pies a cabeza. Y un lujo para mí poder compartir esta sesión. Ahora sí, coge asiento —si puedes también unos auriculares—, dale al Play y disfruta.

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