Mizuguchi, Rez, y el recurso del beat omnipresente

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25 abril, 2018

No es la primera vez que hablo de ‘Rez’ en esta santa casa, ni creo que sea la última. La obra de Tetsuya Mizuguchi aúna las mecánicas de un rail shooter con la superposición de loops, desarrollo característico de la música electrónica. Cada nivel introduce una canción, cada fase aprovecha los bucles sonoros que componen cada track para ir desarrollando la acción en pantalla. Tus disparos a los objetivos son a su vez percusiones —sonidos conocidos como hats en la producción techno—, logrando que de una mecánica tan pura como el disparo brote un sonido que te conecta a otro plano sensorial en el que la música, igual que la acción, se va completando. Un nuevo nivel de inmersión que logra llegar a su forma definitiva con el lanzamiendo de la versión VR y el añadido de la nueva Area X, tal como el mismo Mizuguchi comenta.

La fórmula de ‘Rez’ se compone por un tercio de mecánicas jugables y otro de unas visuales que transmiten un lore en el que zambullirte sin dudarlo. Un trinomio completado por una banda sonora producida por artistas de la talla de Ken Ishii —uno de los mayores productores/dj techno a nivel global— o Keichii Sugiyama, que ha puesto música a ‘Sonic’ o ‘Project Diva’, entre otros. Una composición en la que el ritmo de la música impregna la acción hasta tal punto que los elementos en pantalla lo siguen. ‘Rez’ gira entorno al tempo que marca la electrónica de su banda sonora, y la sincronización de todos los elementos deriva en la sinestesia, efecto convertido en obsesión por su creador.

Hoy me toca estrenar una sección que ofrece un enfoque nuevo a unos de los elementos más importantes de la inmersión en un videojuego, su banda sonora. Y para ello, qué mejor que hacerlo con el posiblemente mayor exponente de obra donde la música cobra un nivel de protagonismo hasta el momento nunca visto, sin llegar a pertenecer al género musical. En Continuous Play traeré cada semana un documento sonoro donde sólo habrá lugar para composiciones remarcables, acompañadas de una breve introducción. Porque hoy la música de un videojuego se erige como indiscutible protagonista, en un formato hasta la fecha nunca visto. Casi cincuenta minutos de consistente mezcla pinchada a través de unas manos que llevan media vida tras los platos, jugando entre ecualizadores y faders, envueltas por la magia de la electrónica. Ahora sí, coge asiento, dale al Play y disfruta.

La banda sonora citada se puede adquirir a través de iTunes.

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