La sindicación da fuerza al trabajador

¡Uníos, proletarios de los videojuegos!

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15 octubre, 2018

Cerca de cuatro semanas hace que desayunábamos con ese jarro de agua helada y sucia en forma de anuncio de despidos masivos de casi toda la plantilla de Telltale Games, la otrora poderosa compañía especialista en dramas interactivos episódicos. No tardaron en brotar historias de las que dejan el corazón en un puño, de trabajadores que acababan de trasladarse de una punta a otra de Estados Unidos por un trabajo que en cuestión de días ya no existía, o que habían dejado buenos empleos en otras desarrolladoras para labrarse futuro en una empresa que, de repente, decidía echar la persiana. Y todo esto, por cierto, sin pagar un mísero finiquito.

Sindicato La saga que hizo popular a Telltale es la que acompaña a sus estertores de muerte

A algunos jugadores (los menos, quiero pensar) lo único que les preocupó fue si la temporada final de ‘The Walking Dead’ quedaría por siempre inconclusa; allá ellos con su falta de empatía. A los demás nos horrorizó ver cómo una empresa se permitía tirar a la basura a 225 personas —a las que no tardarían nada en sumarse los 25 restantes del total de la plantilla— que habían dado vida durante años a sus exitosas historias interactivas. La injusticia de semejante trato clamaba a los cielos, pero no tenía nada de sorprendente: hace dos meses vimos cómo una guionista de ‘Guild Wars 2’ recibía la patada de su desarrolladora por cometer la osadía de no aceptar con una sonrisa en la boca que un youtuber del tres al cuarto le explicara cómo hacer su trabajo, y un compañero suyo sufría el mismo destino por defenderla. Pese a las décadas que han pasado desde la Atari original, la manía de ver a los trabajadores como piezas intercambiables (y desechables) del gran engranaje empresarial no se les va a los que cortan el bacalao.

Por eso son tan importantes los esfuerzos que el colectivo Game Workers Unite está haciendo por convencer a todos los trabajadores de la cosa de los videojuegos de que deben afiliarse a un sindicato. Tienen una escarpada montaña por la que trepar, dado que el sector no es conocido por tener un movimiento sindical combativo (o de cualquier otra clase, la verdad); en parte porque, al agrupar a muchos trabajadores de lo que podríamos llamar cuello blanco, muchos no son conscientes de que son tan proletarios como el que baja a la mina o pone ladrillos en la obra. Que no trabajes con tus manos no te hace menos explotado cuando tu jefe te obliga a trabajar el doble de horas para sacar el megalanzamiento de turno a tiempo, y luego te echa sin darte ni las gracias.

Los mudokons, símbolo de la explotación del obreroDesde la industria, y sobre todo desde sus cúspides directivas, se intentará pintar esto como una siniestra conspiración para poner a los trabajadores en contra de las empresas que les dan de comer. No os dejéis engañar: esto va de que los trabajadores, desde el tío que tuvo la idea del juego hasta el novato del equipo de QA, hagan causa común y se apoyen unos a otros cuando algo o alguien amenace sus derechos. Que no todos los jefes son ogros sedientos de dinero a los que no les importan sus trabajadores, pero ¿qué pasa cuando lo son? ¿O cuando las circunstancias amenazan con hacer que se comporten como tales?

Pasa que un cuarto de millar de currantes se van a la calle tras años de deleitarnos con aventuras gráficas y dramas interactivos, y sin que les den una puñetera indemnización por despido. Y eso es algo que, sea en el sector laboral que sea, no se puede tolerar.

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