Pokémon Let’s Go
Donde Pika la nostalgia

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10 enero, 2019

He perdido la cuenta de las veces que he revisionado todas las temporadas de ‘Modern Family’. También he perdido la cuenta del tiempo que llevo pagando Netflix, así como de las veces que me he recorrido el catálogo entero saltando entre series y películas, incapaz de dar el paso de comprometerme con alguna de las producciones y las decenas de horas que abarcan. Al final, tras llegar de un día demoledor entre metro, trabajo, gimnasio, tareas del hogar, cocinas y demás parafernalias, el cerebro me pide desconectar en un rinconcito reconocible y confortable. Y, por eso, no hay nada mejor que una comedia simplona y evidente con personajes que me resultan entrañables y que conozco desde hace tiempo. Hacer el esfuerzo mental de elegir, poner atención y seguir algo que no sé cómo ni cuándo acaba es algo que en esos momentos soy incapaz de plantearme.

¿Qué haces hablando de Netflix en un Playing Right Nao de ‘Pokémon’? Que no cunda el pánico, todo tiene sentido. Mi primera consola en propiedad fue una llamativa y horrible Game Boy Pocket en color rosa chicle, comprada meses antes de que el fenómeno ‘Pokémon’ alcanzase Occidente. Cuando las ediciones Roja y Azul desembarcaron, implicaron para mí meses de enfurruñamiento contemplando a mis amigos, totalmente absortos en una esquina del parque, pasándose bichitos mediante el Cable Link y manteniendo conversaciones monotemáticas. La copia de ‘Pokémon Amarillo: Edición Especial Pikachu’ que recibí el día de mi cumpleaños me hizo miembro de pleno derecho de ese grupo, donde irrumpí siendo capaz de recitar la lista de los 151 bichos originales por orden y compartiendo avances e historietas escuchadas y otras tantas inventadas sobre Islas Glitch, MissingNo. y camiones que ocultaban a Mew.

Pokémon Let's Go Pikachu

‘Pokémon’ resultó un fenómeno de masas para mi generación que trascendió más allá de nuestras diminutas pantallas en verde y negro y pobló televisiones, material escolar, cromos, tazos y películas. Era un lenguaje común que hablar con tus compañeros, y aunque a finales de los noventa los videojuegos estaban muy lejos de ser tan unisex como hoy en día, tu género como fan de la saga era irrelevante, y era maravilloso. A pesar de ser un videojuego, ‘Pokémon’ no era algo de chicos. Era una cultura.

Aunque viví con gran intensidad la primera generación, mi siguiente experiencia con la saga fue con la entrega para Nintendo DS ‘Pokémon Edición Negra’. Creo que alcancé las veinte horas de juego antes de verme absolutamente sobrepasada por la cantidad de criaturas, opciones, tipos, ataques, IV, EV y demás parafernalia. A partir de ahí, retomé el contacto con la saga de forma totalmente casual, pero la experiencia no llegó ni a rozar aquélla que viví con ‘Pokémon Amarillo’. Para mí, antes todo eso era campo, y todo lo demás sobraba. Si habéis llegado hasta aquí, podéis intuir por dónde van los tiros de mi batallita sobre Netflix, porque es ni más ni menos que la condensación de la experiencia que está suponiendo para mí jugar a ‘Pokémon Let’s Go’. He encontrado un rincón cómodo, conocido y apacible. El factor nostalgia, en vez de ser un elemento chirriante como la mayoría de las veces que visitamos de nuevo juegos de hace veinte años, aquí redondea la experiencia con unos gráficos simples pero cuidados en tres dimensiones que le meten ese pequeño boost de preciosidad a todos los recuerdos de la infancia. El título, para los más veteranos, resultará insultantemente fácil. Probablemente, si yo no me lo estuviese tomando como un relajante paseo por mi niñez, opinaría igual, pero es algo que sólo me facilita más el encontrar un hueco para poder desconectar totalmente.

Pokémon Let's Go Pikachu

‘Pokémon Let’s Go’ se me está haciendo uno de esos juegos que recorres, en modo muy fácil, por la historia. Por mi historia. Tenía claro lo que compraba, y eso es lo que me he encontrado. Y no sólo se queda ahí: al margen de millennials llenos de morriña noventera, Nintendo ha creado una puerta de entrada perfecta para que las generaciones más jóvenes que empiezan a descubrir esto de los jueguicos se adentren en una de las sagas estrella. Así que ya sabéis, si tenéis un peque dando vueltas por ahí, no lo dudéis ni un segundo: agarrad un par de Joy-Con y hacedle vivir la aventura de coleccionar medallas, memorizar bichos y alzaros campeones de la Liga Pokémon. Si no fuisteis capaces de vivirlo en su día, aún estáis a tiempo.

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