Huyendo de la pantalla de la muerte

Pac-Man 256

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24 octubre, 2016

‘Pac-Man’ es una de las obras más importantes de los videojuegos. La relevancia del tótem de Namco está por encima de éxitos comerciales o incluso de la calidad de sus juegos. Se trata de toda una institución de la cultura pop, la oronda figura cuya alargada sombra traspasó la frontera de los videojuegos para convertirse en una leyenda conocida en todo el globo, casi siempre asociada a la diversión y, de igual manera que Mario, frecuentemente utilizada como emblema mismo de los videojuegos. Cualquier parecido con el logo de esta casa es pura coincidencia.

pacmanclassicPero las leyendas tienen un problema: son complicadas para el crítico. Es difícil tratar de buscar lecturas de ‘Pac-Man’ que realmente aporten algo a todo lo que ya se ha dicho, a pesar de las horas y horas que su última entrega hasta la fecha me ha mantenido pegado al mando con los ojos como platos, la tensión en la mirada y el una más y lo dejo en la boca. Este redactor no había vuelto a tocar la franquicia desde ‘Pac-Mania’ para Mega Drive, el cual alquilé más veces de las que estoy dispuesto a admitir delante de mis padres, pues no cuadrarían las cuentas con las de mi asignación semanal. El reencuentro, debo decir, ha sido espléndido. Es por ello que éste es un texto acerca de la diversión, y acerca de todas las herramientas que ‘Pac-Man 256’ utiliza para divertir al jugador, sea éste un experto explorador de laberintos de pastillas o un valiente neófito con respeto por los clásicos.

‘Pac-Man 256’ es un videojuego divertido. Muy divertido. Como lo era el primer ‘Pac-Man’ y como probablemente lo fueron y lo serán todos los que vinieron antes de esta última entrega y todos aquéllos que acabarán viniendo después. Sin duda hay algo que embruja en las mecánicas de la franquicia, y ‘Pac-Man 256’ no es la excepción. Como en el original, debemos comer puntos para sumarlos a nuestra puntuación, y también como en el original, los malvados Blinky, Pinky, Inky y Clyde intentarán acabar con nosotros. Por suerte, también las bolas de poder acuden una vez más a la cita, cambiando completamente las tornas al hacer que Pac-Man pueda comerse a tan insidiosos fantasmas. Pero entonces… ¿es que no ha cambiado nada? ¿Estamos ante el enésimo port para lucrarse a costa de la nostalgia asociada al bueno de Pac? Rotundamente no. En ‘Pac-Man 256’ contamos con el añadido de la pantalla de la muerte.

Pantalla de la muerte: En un videojuego, dícese de aquel nivel que no puede ser superado debido a un error de programación que imposibilita que el jugador complete sus retos o alcance sus metas, provocando irremediablemente el fin de la partida o la suspensión total del avance.

El injusto desenlace

pacman-kill-screenHagamos un alto en el camino. Imagino que todos conocéis la pantalla de la muerte del ‘Pac-Man’ original, comúnmente llamada error 256. ¿En qué consiste exactamente? Pues bien… volvamos a la década de los ochenta. Las máquinas recreativas de los salones arcade estaban programadas para ser jugadas ad infinitum por aquel jugador que fuera capaz de ir superando sus progresivos —y frecuentemente diabólicos— retos. Podríamos decir que, de alguna manera, los programadores contaban con que la dificultad de sus juegos de video sería suficiente como para eliminar a todos los jugadores antes de que alcanzaran los límites numéricos del código del programa, entrando así en conflicto con la evidente limitación de hardware del mueble en cuestión. Craso error. ‘Pac-Man’ utilizaba un sistema de ocho bits que no era capaz de mostrar en pantalla valores por encima de 255, ya que se apoyaba en código binario, así que al llegar al nivel 256, este conflicto hacía que la mitad derecha de la pantalla quedara salpicada de símbolos alfanuméricos, tapando los puntos y los fantasmas y haciendo el nivel completamente insuperable, al impedir que Pac-Man pudiera comerse todos los puntos de tan fatídica fase.

La popularidad del juego y lo injusto de la situación hicieron que el error se convirtiera en leyenda. Llegaron paladines que intentaron superarlo, pero lo mejor que consiguieron fue sobrevivir, nunca completar el reto ni prosperar, así que su mayor logro fue maximizar su influencia, agrandar el mito. Y, como resultado… ese amasijo de números y letras, esa masa informe de código desordenado y sin sentido, acabó convirtiéndose en el verdadero rival a batir, el MegaZero de Super3, el ‘Street Fighter V’ del ejercicio fiscal de Capcom… el único y verdadero némesis de Pac-Man. El error 256, la pantalla de la muerte por antonomasia, es en ‘Pac-Man 256’ tan protagonista como el mismísimo comecocos. Retomamos el juego original justamente en aquel momento en que acababa, con una agridulce pantalla de error que imposibilitaba continuar con la diversión. Pac-Man se ha topado con el error 256, y sabiendo de la imposibilidad de enfrentarse a él, toma la decisión de huir en una loca carrera hacia la parte superior de la pantalla que le guiará a través de infinitos laberintos repletos de puntos, fantasmas y gloriosas bolas de poder.

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Renovando el clásico

¿Cómo puede transformar la jugabilidad un elemento en principio tan sencillo? El error 256 no deja de ser en realidad un scroll forzado que no hace sino añadir tensión a lo que podría ser una partida cualquiera de ‘Pac-Man’. Una idea que a priori se antoja demasiado simple como para conducir toda la jugabilidad y justificar un nuevo título, pero que, como no tardamos en constatar, supone un añadido que condiciona toda la estructura mecánica del juego base, cambiando la manera en que jugamos mucho más de lo esperado. Por primera vez en la franquicia, Pac-Man no dispone de todo el tiempo del mundo para remolonear mientras da esquinazo a los fantasmas, ya que la pantalla de la muerte le persigue y le atosiga desde abajo, avanzando impasible y tragándoselo todo a su paso; convirtiendo el clásico deambular y esperar de Pac-Man en una ajetreada persecución donde cada elección de camino cuenta. Pero de igual manera que el tiempo impone sus reglas, irrumpiendo en la ecuación con la fuerza de una tormenta, también el espacio juega tramposo con Pac-Man. La parte del laberinto que podemos ver es limitada debido a su disposición horizontal —adaptada a los televisores de 16:9, o los móviles y tabletas en horizontal—, lo que también juega en ventaja del error 256. Cuando Pac-Man está desplazándose en horizontal en lugar de hacia arriba, no está poniendo distancia entre la pantalla de la muerte y su orondo cuerpecito, lo que contribuye enormemente a que la partida se llene todavía más de urgencia, y por ende requiera más agilidad de pensamientos y reflejos en la toma de las continuas decisiones a las que el título nos aboca. Subir por la derecha para coger una bola de poder puede ser la peor de las decisiones si el camino se nos cierra en ese punto y debemos pivotar hacia el otro lado —que está repleto de fantasmas— justo cuando se nos acaba el efecto, al tener entonces mucho menos tiempo de reacción antes de que la pantalla de la muerte nos alcance.

Si queremos lograr buenas puntuaciones, habrá que observar muy bien qué caminos y trayectorias no nos abocan a pasajes sin puntos, para mantener el combo activo

¿Así que las cosas están más complicadas que nunca para el bueno del Pac-Man? Eso parece… pero al menos, también cuenta con más ayudas que nunca. De alguna manera, ha logrado hacerse con parte del poder del error 256, así que ahora es capaz de ejecutar un ataque especial: una tremenda explosión que limpia toda la pantalla de fantasmas, provocando unos combos de exterminio que suponen una inyección de puntuación capaz de marcar una diferencia abismal. La manera de disparar estos ataques: comerse 256 puntos seguidos. Suena fácil, ¿verdad? No lo es tanto, en realidad. En los laberintos de ‘Pac-Man 256’, no todos los pasillos están repletos de puntos, haciendo que ciertos lugares tengan claros, o simplemente no contengan puntos, lo que vuelve todavía más importante la elección de caminos y la planificación a largo plazo en lugar de centrarnos en la inmediatez. Ya no podemos vivir del pasado y dedicarnos a comer puntos y esquivar fantasmas tranquilamente; si queremos lograr buenas puntuaciones, habrá que observar muy bien qué caminos y trayectorias no nos abocan a pasajes sin puntos, para mantener el combo activo, pero al mismo tiempo, vigilar mucho cuáles de ellos no están repletos de fantasmas… ¡y todo ello mientras vemos por el retrovisor a nuestra peor pesadilla, el error 256, que viene con ganas de devorarnos, acabar con nuestra moneda y mandarnos a casa de una vez por todas! Obtener el preciado combo 256 supone vencer en una épica carrera en la que tus rivales son el tiempo y el espacio. Cada punto comido incrementa la sensación apremiante, cada curva bien elegida hincha tu orgullo a un nivel supremo, y cuanto menos falta para alcanzar la mágica cifra de 256, mayor impacto y subidón supone cada uno de los puntos que, borrachos de poder, nos tragamos como si no hubiera un mañana. El waka waka acelera su ritmo y sube de volumen, acaso conocedor de que nuestro corazón palpita más y más fuerte. Hasta que, de repente, una ensordecedora explosión llena la pantalla de luz en una orgía de muerte, puntos y puntos… puntos… PUNTOS.

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A esta experiencia, lo suficientemente extasiante y alejada del original, pero al mismo tiempo profundamente respetuosa —y en cierto sentido incluso un poquito fanservice—, se le unen pequeños añadidos que terminan de perfilar la propuesta. Vienen también en este caso en forma de ayudas para un comecocos más estresado que de costumbre, que no puede hacerle ascos a ningún tipo de extra dispuesto a hacer su dura tarea un poquito más amigable. Los power-ups suponen una de las primeras diferencias con las que nos topamos al poco de empezar a jugar, mucho antes de entender la profundidad del ataque explosivo 256. Los encontramos repartidos por los escenarios, de igual manera que las bolas de poder, y son tan variados y útiles como cabría esperar viendo el grado de mimo que se le ha dado a todo el juego.

Podemos encontrar hasta veintiuno, desde un rayo láser que surge de las fauces de Pac y aniquila a los fantasmas, a unos bloques de hielo que impiden el movimiento de los mismos o unos mini Pac que emprenden la batalla contra los espectros cercanos por su cuenta. Resultan muy divertidos de utilizar y aportan incluso mayor profundidad a las mecánicas, pero por encima de todo, se convierten en una buena excusa para jugar durante más tiempo —si es que hiciera falta una excusa— al tener que ser desbloqueados todos ellos mediante la ingesta de los siempre presentes puntos. Además, es posible incrementar su efecto subiéndolos de nivel, a través de otro tipo de puntos llamados Puntos C —que vendrían a ser las monedas del juego— y que se consiguen a través de la puntuación obtenida con cada partida o dispersos por los laberintos.

Para añadir una variable estratégica al conjunto jugable, sólo podemos llevar equipados un total de cuatro power-ups en cada partida y, además, deberemos seleccionarlos en base a los retos con los que el juego nos va implicando si queremos conseguir más y más Puntos C. Retos del estilo de comerse cinco power-ups de imán o lograr una cadena de fantasmas engullidos de tres o más. Lo cierto es que se trata de pequeños desafíos que se suelen conseguir durante el desarrollo natural de las partidas, pero que funcionan genial a la hora de seleccionar los power-ups que llevamos equipados, obligándonos a probarlos todos a poco que sintamos un mínimo de curiosidad y afán completista.

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‘Pac-Man 256’ huele a nuevo. Todos los cambios introducidos en la propuesta clásica han supuesto una renovación tal que hacen que nos encontremos ante un título que se siente diferente, pero que, sobre todo, se juega diferente. Puede que Pac-Man nunca llegue a derrotar a su ancestral rival, el error 256, ni a superar la pantalla de la muerte —de hecho este título es infinito, por lo que el nivel 256 continuará sin ser superado— pero este regreso al momento exacto en que se dio de bruces con el más injusto de los desenlaces le ha dado la oportunidad de volver a intentarlo, de mirar hacia arriba y salir corriendo de nuevo a la caza de puntos. Porque más allá de la leyenda, todavía hay tiempo para el videojuego, y con propuestas como ésta, la franquicia ‘Pac-Man’ podría volver a seguir dando que hablar durante mucho, mucho tiempo.

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