Mazmorreo para los tiempos modernos

Legend of Grimrock

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3 marzo, 2015

¡Ah, la mazmorra! Nada define al juego de rol como esos subterráneos laberínticos, angostos y rebosantes de trampas y criaturas hostiles, así como de tesoros que bien valen arrostrar tantos peligros. Fueron el primer hogar de esos aventureros que, partiendo de las convenciones del wargame, quisieron hacerlo evolucionar hacia algo más personal e interpretativo, eso que llamamos hoy en día juego de rol; y por ello fueron los primeros entornos en los que los jugones vivieron aventuras cuando este entretenimiento fue adaptado al videojuego. Los dungeon crawlers han sido todo un género propio dentro del rol, y todo el que se considere amante del género ha tenido como mínimo escarceos con este tipo de juego, con frecuencia caracterizado por una perspectiva en primera persona, movimiento por casillas, control de un grupo de aventureros creado por nosotros, y complicados niveles que conviene mapear a base de lápiz y papel. Yo recuerdo con particular cariño varias intentonas a la versión de Super Nintendo de ‘Might & Magic II: Gates to Another World’, en las que nunca llegaba a salir de la ciudad de Middlegate, y sus callejones llenos de mendigos asesinos y otros bichos con ganas de crujir a mi grupo.

El dungeon crawler tradicional era un hijo de los tiempos en los que nació y de las limitaciones técnicas que los acompañaban; de ahí que el paso del tiempo fuera dejando atrás su forma más tradicional, por mucho que sus devotos refunfuñaran sobre cómo ese tipo de juego tenía más alma que todos los Fables o Neverwinters del mundo. Pero los últimos años y el ascenso de los desarrolladores independientes, han traído de vuelta muchos tipos de juego abandonados. ‘Legend of Grimrock’ ha sido uno de los grandes responsables, por no coronarle como principal, del regreso a la actualidad del dungeon crawler.

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La leyenda que da título al juego es la del monte Grimrock, una misteriosa elevación en cuya cúspide, custodiada por enormes estatuas que representan a una especie de monjes, se encuentra la entrada a un laberinto subterráneo que baja hasta una profundidad desconocida. Controlamos a un grupo de aventureros, creado por nosotros mismos, cuyos integrantes han sido acusados de alta traición y sentenciados a un peculiar castigo: descender a las profundidades del monte Grimrock y conquistar su libertad alcanzando la salida de la mazmorra. En la práctica, eso es una sentencia de muerte pues hasta la fecha nadie ha conseguido tal hazaña, pero nuestro grupo no va a dejar que eso le impida desafiar a su destino o averiguar quién es el extraño que les habla en sueños y les conmina a seguir bajando por los niveles de la mazmorra.

‘Legend of Grimrock’ intenta reproducir en buena medida la experiencia de un crawler clásico, con su movimiento por baldosas, sus puzles enrevesados y diversos, su énfasis en explorar todo y buscar puertas secretas y demás cánones clásicos del género; pero introduce también elementos, como el mapeado automático, pensados para hacer el juego más amable al gran público y que los puristas pueden desactivar si buscan una experiencia más auténtica. Ello lo hace bastante accesible para los que no tenemos experiencia en el género, ni ganas de registrar cada casilla del mapeado en una hoja de libreta.

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Los combates son en tiempo real, con cada personaje teniendo que pasar por unos instantes de inactividad tras atacar antes de tener otra oportunidad. En este sistema ha existido un exploit tradicional, sobre el que ya llamaba la atención un antiguo número de Micromanía, consistente en dar vueltas alrededor del enemigo y aprovechar su demora en posicionarse o encararse para zurrarle sin peligro; los creadores del juego lo han tenido en cuenta y han diseñado multitud de encuentros en los que este truquillo se ve limitado por lo angosto y enrevesado de los pasajes, o en los que debemos usar esa treta para garantizar una mínima posibilidad de supervivencia ante enemigos capaces de reventar a un miembro del grupo de un impacto. Todo ello hace que los enfrentamientos en el interior del monte Grimrock sean trepidantes y tensos, obligándonos a aprovechar el entorno al máximo y pensar de manera táctica para hacer frente a la amplia variedad de bicharracos que pretenden acabar con nosotros.

Las trampas tampoco faltan a la cita y superarlas implica en muchos casos resolver complejos puzles espaciales. Eso sí, a veces conviene caer en una de las más clásicas, el foso, para alcanzar habitaciones secretas del nivel inferior que casi siempre ocultan tesoros de lo más útiles. La búsqueda de secretos, ya sea de esta forma o rastreando puertas secretas y llaves ocultas, es uno de los alicientes del juego, y hasta su sistema de logros en la versión de Steam busca espolearnos para que no dejemos sin remover piedra alguna del laberinto. Esto, por lo general, requiere sólo un poco de minuciosidad y de lógica, pero algunos puzles en los niveles inferiores harán que nos mesemos los cabellos mientras intentamos acertar con la solución. El hecho de que algunos tengamos que solucionarlos mientras luchamos para que una criatura infernal no nos destaze a garrazos no ayuda; menos aún si el puzle tiene que ver con baldosas que se abren y cierran, y la criatura infernal en cuestión nos retiene en una de ellas lo suficiente como para que se abra bajo nuestros pies.

2013-12-10_00001De todos modos, explorar a fondo siempre es conveniente, no sólo porque nos posibilita encontrar equipo con el que pertrechar a nuestros personajes y darles más oportunidades de sobrevivir a los combates, sino porque nos permite conseguir comida; sí, en Grimrock también se puede pasar hambre y aunque el efecto no es muy grave sobre el papel —impide regenerar salud con el tiempo— se hace notar a medida que avanzamos y escasean las pociones curativas. El sueño, como acelerador de esa regeneración de salud, también es vital para nuestros héroes; además, a través de él es como se comunica con ellos el misterioso ente que intenta ayudarles, sugiriéndonos poco a poco el verdadero motivo por el que se construyó el laberinto.

Porque sí, ‘Legend of Grimrock’ tiene sus gotitas de trama y eso que los anglosajones llaman worldbuilding: contadas y espolvoreadas de manera que no interfieran con la diversión fundamental de recorrer pasillos y apilar monstruos, pero existen. Notas garabateadas por condenados previos a nuestra misma sentencia, extrañas inscripciones en las paredes, o incluso el relato de las primera expedición a Grimrock que incluye el manual del juego nos van revelando pinceladas del mundo en el que tiene lugar la aventura y pistas sobre la mazmorra y sus desconocidos creadores.

Pero resolver ese misterio —y salir por fin del laberinto de Grimrock a la libertad— es sólo el final del viaje: hasta llegar ahí hay mucho que disfrutar y no poco que sufrir, matando bichos, encontrando secretos, accediendo a niveles extra y, en fin, reviviendo esa emoción con la que los primeros jugadores de rol afrontaban cada tumba olvidada, mina abandonada o guarida subterránea. Y para los que pidan más, Grimrock tiene una comunidad de modders de lo más activa —gracias en buena parte a su editor de mazmorras—, muchos de los cuales han puesto su empeño en rehacer en el motor del juego viejas glorias del género como ‘Eye of the Beholder’ o mazmorras originales del ‘Dungeons & Dragons’ de toda la vida. Todo aquel que haya sentido cierta atracción o curiosidad en su vida por el mazmorreo electrónico se debe a sí mismo una visita al monte Grimrock o a alguno de los laberintos alternativos creados por los usuarios, para impregnarse a fondo de esa magia primigenia que late en el acto de explorar pasillos, combatir monstruos y conseguir tesoros.

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