¿Qué SteamOS haciendo?

por

25 septiembre, 2014

Ilustraciones originales de Miquel Rodríguez («pollomuerto»)

Personalización

Primero fueron los workshop, después Greenlight y ahora los curators, una suerte de mentores con los que se pretende crear tendencias particulares donde adscribirse, como corrientes de pensamiento, y donde partners varios no tardarán en focalizarlo todo hacia sus intereses personales. Steam se reformula cada poco con una nueva idea de nombre pizpireto, buena ejecución (pese a las evidentes aristas por perfilar en cada nueva funcionalidad) y con la firmeza de un sistema estable que funciona por y para los usuarios.

3700 juegos. Una plataformas de ventas como Steam necesita cuidar de muchos tipos de perfiles y ser capaz de dar foco y altavoz a todas sus nuevas incorporaciones, revivals, sagas clásicas, packs de ofertas, y no morir en el intento —como el contenedor de mierda que son los bazares de Android, e iOS en menor medida—. Imaginad ahora que para adelantar a GOG y su galaxia, un amigable cliente de escritorio con el que gestionar todas nuestras compras y regalos varios, Steam decide introducir películas, series o tebeos. Imaginad que la pestaña desplegable que va hacia otra pestaña desplegable con quince opciones adicionales compartimentadas por una variable infinita de secciones, crece exponencialmente hasta lo ilegible. Con más de cien millones de clientes y una media de 7000k únicos al mes, semejante densidad demográfica se vería perdida entre un mar de elecciones. O no. Si algo han demostrado las comunidades cerradas es que conviven maravillosamente… hasta que desaparecen.

Por eso Valve no sabe hacia dónde dirigirse. Entiende que debe renovarse constantemente, pero pone y quita sin un criterio explícito. Con el deseo de contentar a todos los popes de la comunidad, escucha cada sugerencia como una orden directa. La fórmula funciona, tan operativa como lucrativa, pero cada nueva capa de complejidad es también un paso atrás en su eficacia. Además, bajo esa pátina de cordialidad y buen gusto, donde algunos empleados enseñaban fotos de leales cláusulas en sus contratos y normas laborales próximas a la meditación tibetana, Steam se manifiesta como un monstruo caprichoso incapaz de escuchar todas las peticiones de todos los developers, un titán sordo de una oreja y cojo de una pata.

Generalización

En su afán expansionista, hace casi un año Valve anunció su programa donde incluían un hardware (SteamMachines) y software (SteamOS) nuevos. Pero tras seis meses y una veintena de SteamMachines oficiales con fecha y nombre listas para salir al mercado durante el próximo tercio fiscal, la duda que se presenta es idéntica: entre tanta variedad, ¿dónde elegir? Apple se ha confirmado como una empresa con una dirección clara encarando el autoplagio sin vergüenza, llegando a una situación como la de la pasada semana: romper todos los records y colocar doce millones de iPhone 6 —mañana a la venta en España— con un teléfono ligeramente más económico que su predecesor pero idéntico en cuanto a credo interno. Visto un iPhone, vistos todos. Y en este punto, la multiplicidad de voces en Steam como plataforma digital líder le resta autoridad frente a sus competidores directos, mucho más genuinos y centrados en metas específicas como GANAR A STEAM. Puede que Valve haya tocado techo.

Lo que sí está claro es que Steam ha tocado techo. Su matriz ha crecido en cuanto a ambiciones y encara el futuro con incertidumbre pero con gritones de dólares para columpiarse en la noria del amor gamer, mientras Steam necesita un nuevo tótem al que adorar, la tercera iteración de cierta saga o quizá la enésima gratificación para unos ya de por sí ingratos consumidores. De su store entran y salen juegos equilibrando la balanza, se suspenden magníficos proyectos dinamitados por campañas de trolls que acuden en horda al voto negativo de igual manera que se encumbran simuladores de hacer el mierda for the lulz —la razón que ha llevado a Valve a sopesar la eliminación paulatina de Greenlight, mientras sopesa otras opciones— y, en esa máxima de otorgar al jugador el poder tácito de condicionar el entorno donde juega, se plantea una nueva baraja de disyuntivas.

Pero Steam, buena conocedora de las mieles del poder gracias al boca a boca, se muestra muy temerosa en cuanto a exclusividades. Un sistema operativo obligatorio para su funcionamiento dinamitaría todas las razones que lo situaron hacia su actual posición, pero también conformaría cierto cariz personal a sus productos. En esa guerra entre “ofrece al pueblo lo que quiere” e “imponte con tu marca”, las nuevas SteamMachines serán ordenadores personales enfocados al gaming corriendo bajo ese sistema operativo tan personal y optimizado. Pero ¡ey! si quieres puedes instalarle otro, o mejor, crear particiones y hacer el poliamor dentro de un cacharro lleno de libertad y buenas intenciones. No se le puede acusar a Valve de draconiana en cuanto a oferta y demanda —de hecho, me atrevería a sentenciar que en mis cuatro años de servicio siempre he recibido más oferta de la que mi cartera estaba dispuesta a celebrar, de ahí las interminables listas de juegos sin siquiera instalar o con media hora de cata, por mera curiosidad—, pero si quiere preservar el mágico equilibrio entre lo funcional y lo excitante, más le vale llevar el peso de sus diez años con dignidad tomándose un poco en serio a sí mismo e ignorando ese tóxico ruido con el que algunas minorías dinamitan el buen funcionamiento de Steam.

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