La épica de una tarde de verano

EarthBound

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25 mayo, 2016

El presente artículo (debidamente revisado) fue publicado originalmente el 30 de junio de 2014 en GameReport #3

En pleno esplendor de la Super Nintendo, la casa japonesa editó en Estados Unidos un juego de rol que poco tenía que ver con la fantasía heroica que gastaban por entonces Squaresoft y Enix… al menos, en apariencia. En realidad, era una épica hecha de comedia absurda, recuerdos de infancia, horrores más allá del tiempo y el poder de la amistad. Es ‘EarthBound’, y es hora de que conozcáis su magia.

De ‘EarthBound’ se pueden decir muchas cosas, pero que sea convencional no es una de ellas. Es un juego de rol de consola que olvida los ambientes pseudomedievales de ‘Final Fantasy’ y ‘Dragon Quest’ para introducirnos en un mundo basado en la Norteamérica suburbana, que sustituye los orcos y los dragones por retro-hippies de la Nueva Era y cuervos rencorosos; cuyos arcos argumentales incluyen un enfrentamiento con una secta de tipos que visten como el Ku Klux Klan y tienen fijación por el color azul, y que entre sus jefes finales incluye una pila de vómito parlante. ¿Os sentís confusos? No os pongáis nerviosos: es normal.

La historia de ‘EarthBound’ es la de Ness, un muchacho normal al que un día le cae un meteorito al lado de casa y una responsabilidad de proporciones heroicas sobre los hombros, en ese orden. El meteorito lleva dentro un viajero del futuro, una abeja parlante llamada Buzz Buzz, que antes de sufrir el triste destino de tantos insectos (muerte por manotazo de humano asustado) informa a Ness de que él es el único que puede evitar que una lovecraftiana entidad llamada Giygas conquiste la Tierra. Giygas ha empezado a actuar en la época de Ness, corrompiendo a los hombres a través de la maldad de sus corazones, pero Ness puede frustrar sus planes si se conecta con el poder de la propia Tierra a través de ocho santuarios localizados por todo el globo: para lograrlo, necesitará además encontrar a dos chicos y una chica que, según las leyendas del futuro de Buzz Buzz, están destinados a luchar a su lado para salvar el mundo. En su camino tendrá que enfrentarse a los estrafalarios ejércitos de Giygas, trabar amistad con músicos errantes y malotes de barrio, enfrentarse a una invasión zombi y esquivar las constantes (y tronchantes) villanías de su odioso vecino Pokey Minch, el cual parece haber caído bajo la influencia de Giygas.

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El primer acierto de ‘EarthBound’ está en trasladar todas las figuras estilísticas y lugares comunes asociados con los RPG de consola (el héroe elegido, el villano demoníaco y su lugarteniente-secundario cómico, los monstruos variados, los lugares de poder que sirven para vencer al malvado) a una parodia amable de la cultura pop americana. Ness y sus amigos hacen lo mismo que los héroes del ‘Final Fantasy’, pero moviéndose por centros comerciales y barrios suburbanos y enfrentándose a aliens de peli de los años 50. La trama está llena de toques paródicos, cuando no directamente absurdos (ese fotógrafo que aparece de repente para retratarnos en plena acción) o incomprensibles, pero no descuida los momentos emotivos, ni dulcifica las terroríficas implicaciones de su premisa: de hecho, ‘EarthBound’ muestra más que claros paralelismos con ‘It’ de Stephen King, al enfrentar a un grupo de niños unidos por el destino contra una criatura maligna cuya verdadera forma está más allá de la comprensión humana, y poner la clave de su esperanza de vencer frente a la abominación en la ciega fe que los niños son capaces de desarrollar.

Ness y sus amigos hacen lo mismo que los héroes del ‘Final Fantasy’, pero moviéndose por centros comerciales y barrios suburbanos

Pero ‘EarthBound’ tiene otra gracia, y es que mejora algunas mecánicas habituales de los RPG de consola entre chistecito y chistecito. Los enemigos, al igual que en ‘Chrono Trigger’ (que, recordemos, saldría un año después), están presentes en el mundo de juego antes de que peleemos con ellos, y de hecho podemos llegar a pillarles por sorpresa si hacemos contacto con ellos cuando nos vuelven la espalda… o ellos nos pueden hacer lo mismo; si les sobrepasamos lo suficiente en poder, el combate puede hasta resolverse a nuestro favor sin pasar por la pantalla de lucha. Las peleas, desarrolladas sobre fondos psicodélicos y con musiquillas entre lo marciano y lo festivo, siguen la tónica habitual del RPG por turnos, pero con un matiz: la vida de nuestros personajes se muestra como en una máquina tragaperras, y baja número a número como en una, lo que permite salvaciones de última hora cuando un compañero recibe un golpe mortal siempre que le curemos antes de que el marcador llegue a cero.

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Todo ello, sin embargo, no impide que caiga en alguno de los vicios consustanciales al género en la época de su salida: la repetición y el level grinding. Pese a su estrambótica variedad de enemigos, las opciones de los héroes no llegan a la diversidad de la que goza, por ejemplo, un ‘Final Fantasy VI’, y las batallas acaban volviéndose un más de lo mismo apenas punteado por algún jefe o monstruo nuevo interesante; y, por supuesto, tenemos que tragarnos centenares de ellas si queremos que nuestro grupo sea lo bastante fuerte como para llegar hasta Giygas, con lo que hasta si somos fans del género corremos el riesgo de acabar bastante hartos.

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Pero ni estos defectos erosionan la magia fundamental de ‘EarthBound’, que es su poderoso aire de ilusión infantil. Jugarlo es como volver a ser un niño flipado por los ‘Final Fantasy’, juntarte con tus amigos en vacaciones de verano y poneros todos a jugar por las calles y los prados a que sois los héroes de vuestro propia epopeya, y que os enfrentáis para salvar el mundo a monstruos basados en el matón que os fastidia en el cole o la vecina antipática que os riñe; y, cuando termináis de jugar y volvéis a casa, el abrazo con el que vuestra madre os da la bienvenida es el mayor premio al que un héroe puede aspirar. Eso es algo que ni el más cínico adulto maduro es capaz de olvidar, y que ahora todos podemos revivir gracias a su publicación en Europa a través de la consola virtual de Wii U y, en fechas más recientes, de la de la New 3DS. Y sí, vale la pena volver a ser un niño, aunque te llames Ness y te enfrentes a un trasunto de Cthulhu, porque estás con tus mejores amigos, y juntos vais a hacer que éste sea un verano inolvidable. Sí, aunque lo juguéis en invierno.

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