Need for Speed, cuando el tuning y la competición ilegal se vuelve dogma.

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30 enero, 2019

No existe saga equiparable a ‘Need for Speed’. Imposible olvidar el poder que teníamos sobre el diseño del coche en ‘Underground’ y ‘Underground 2’, una ventana hacia la modificación del chasis abierta de par en par. La sensación de escapar victorioso de cualquier obstáculo en ‘Hot Pursuit’. O cómo se convertía en la caza de automóviles punteros en ‘Most Wanted’. Y siempre, de fondo, una selección de música que iba desde el rock, el punk o el hip hop de los primeros títulos al sonido de club en su definición más amplia, que fue ganando terreno hasta el relanzamiento de la saga, publicado en 2015. Siempre con la competición callejera en el epicentro de la propuesta, y a su alrededor llantas, alerones, vinilos, tubos de escape y faldones, cuanto más llamativos mejor. Nitro y luces de neón como seña de identidad, y como forma de vida el olor a neumáticos quemados. Pero para salir del garaje no valía cualquier diseño, y siempre necesitaríamos montar los mejores accesorios en nuestro vehículo, como si alguien nos estuviese examinando. Un lujo que sólo una franquicia era capaz de ofrecernos, más si buscábamos el extra de adrenalina que daba competir fuera de la legalidad. La realidad no era compatible con conducir un deportivo de más de 200 CV de los que se llevan a las exhibiciones de tuneo o que aparecen en las películas ‘Fast & Furious’, a las que ‘Need for Speed’ siempre ha mirado de reojo, así que siempre supimos donde acudir para satisfacer aquella necesidad que de vez en cuando brotaba en nuestro interior.

Innegable el mérito de esas bandas sonoras para situar a ‘Need for Speed’ en el lugar que ocupa dentro del género de la conducción arcade. En mente siempre la versión que hizo Snoop Dog del ‘Riders of the Storm’ de The Doors y que sonaba al inicio de uno de sus títulos más remarcables. También el trance, o un electro que parece tener más peso que en ninguna otra franquicia de carreras. La peor época de mi vida la pasé escuchando la música licenciada que he incluído en esta sesión, y que tanto me hizo recordar que siempre hay que seguir adelante. Quizá por eso he volcado toda mi técnica en los setenta minutos que dura esta sesión, posiblemente la que contiene las mezclas más largas y más variadas, y unas ejecuciones técnicas que suelo dejar fuera para dar todo el protagonismo a la música. Pero ¿qué mejor que devolverle a la música el favor con mis mejores armas? Fuera se ha quedado mucho contenido, pero esta selección busca ser la mejor representación de los temas electrónicos publicados en los últimos quince años. The Chemical Brothers, Ladytron, Paul Van Dyk y Dizee Rascal entre otros. El orden, como de costumbre, con total intencionalidad. Ahora sí, coge asiento —si puedes también unos auriculares—, dale al Play y disfruta.

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