The Power of Thy Sword

Nidhogg

por

18 junio, 2015

Dentro del panorama independiente no existe una época fija en la escala evolutiva del videojuego. Como muchas desarrolladoras que sienten simpatía por lo retro, Messhof consiguió concebir un proyecto tan original y atemporal que transmite una sensación que ya muchos jugadores dejamos atrás: el olor a recreativa.

Hay que aclarar que, aun contando con la posibilidad de un modo para un jugador o incluso online (que, aunque no funciona bien del todo, tiene un pase), cuando verdaderamente me he puesto eufórico delante de la pantalla ha sido viciándome en un mismo teclado a la vieja usanza, con mi amigo al lado para descojonarme, insultarle, cabrearnos o liarnos a puñetazos si es necesario, y pasando de un mando que no hace falta. Aquí es donde destaca ese espíritu arcade, retomando esa necesidad de estar apretujado, aprovechando el mínimo espacio que ofrece el periférico para poder disfrutar en plenitud su valor, algo que no se podría igualar a través de un micrófono (como ya pasaba con ese ‘TowerFall Ascension’ que también nombramos en esta santa casa).

Debo admitir que ‘Nidhogg’ es un juego que trae consigo el escándalo, por lo que es preferible, si vas a compartir pantalla con un mismo jugador, hacerlo a una hora en la que no molesten a otros los gritos o carcajadas que habrá a la par de la musica trallera que ambienta la partida, que podrá ser excepcionalmente corta o larga. Ya os podréis hacer una idea del pitote que se puede formar en un breve periodo de tiempo, y más cuando ambos individuos se conocen, pero la experiencia es algo que cambia la monotonía del jugador solitario que contacta a través de la red con otros por el viejo ritual de llevar cerveza como buen huésped, o que te la traigan por ser un buen anfitrión; ese estilo de vida, ya casi difunto para muchos, pero que se trata de mantener vivo.

Dos espadachines lucharán a muerte para que el vencedor tenga el honor de servir como ofrenda a la gran sierpe Nidhogg, y para ello deberán avanzar, cada uno hacia un lado opuesto al otro, hasta alcanzar la pantalla del triunfo y convertirse en carnada para la mitológica bestia. Una vez que se ha matado al rival, habrá vía libre para ganar terreno mientras éste reaparece. Esta mecánica es bastante curiosa, ya que centrará todo el combate en un continuo tira y afloja que hace segregar adrenalina a montones. Por otro lado, el combate es algo que se ha recreado con mucho arte y mimo, simulando duelos que siquiera los mejores esgrimistas del mundo podrían llevar a cabo, llevando hasta la posibilidad de realizar diversas combinaciones y ataques (con arma o sin ella) que, mezclados con los saltos, sólo podrían verse en las películas más flipadas de karate o kung-fu, por lo que es normal acabar haciendo virguerías que preceden a un «ooohhhhhh», «uuuhhhhhh» o «argh».

Aquí es donde entran a machete las características que convierten esta obra en una fuente que rebosa entretenimiento: la facilidad de hacerse a los básicos controles que vienen ligados a la epicidad y dinamismo de echar una partida. Aquí no existe una larga lista de movimientos para el personaje, si bien cuenta con varias posibilidades, pero no necesita más: lo que se pretende es conformar algo competitivo y rápido de aprender para que, desde la primera toma de contacto, ya uno quede presa de su encanto, pero sin escasez de posibilidades. Tras unos cuantos intentos y ponerte a punto los reflejos, uno empieza a presentar una soltura más consistente, y formas para desenvolverse que pueden dar la vuelta a una mala situación y permitir ganar un poco de trayecto hacia la victoria.

Sorprende el hecho de que, siendo una obra donde el contenido escasea, mezclar un transcurso de la partida tan frenético con unas mecánicas tan sencillas de comprender hace del resultado esta proeza tan divertida y rejugable. Es importante realzar la fluidez con la que se mueve, la cual denota que ha sido puesto a prueba hasta casi rozar la perfección, ya que da gusto probarlo en tus carnes, y eso es un factor que me gusta muchísimo cuando me hallo inmerso en ‘Nidhogg’. Se trata de un imprescindible para la lista de juegos que deberían formar parte de una recreativa: como ya se ha podido comprobar con la Winnitron, es una opción viable, y ojalá un día pueda probarla. Mientras tanto, se puede disfrutar de ese estilo tan de la vieja escuela desde la pantalla de forma alternativa para recibir una buena dosis de amor retro. Me parece un auténtico mérito que Messhof se haya marcado un tanto, y un buen puñado de premios, demostrando que con unas buenas bases y elaboración uno puede permanecer absorto durante horas y sentir, mientras tanto, que el arcade no se muere.

Nidhogg Sierpe

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