La erótica del puzle

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17 marzo, 2016

Dos son los impulsos fundamentales que dominan todo lo vivo: el sexo y la violencia, la pulsión hacia la vida y hacia la muerte. Creced, multiplicaos, llenad la Tierra, y acabad con quien haga falta para hacerle sitio a vuestros descendientes. Desde que venimos al mundo, lo sabemos; y si no, bien poco que tardamos en aprenderlo. Ambos impulsos deben ser dominados y reprimidos por el bien de la paz social, pero para ello tienen que existir también válvulas de escape aceptadas para los mismos; medios de desahogo como, por ejemplo, los videojuegos a los que en GameReport dedicamos nuestra existencia. En los tiempos en los que las recreativas gobernaban el ocio electrónico, la pulsión violenta era la que gozaba de preeminencia, tomando la sexual un papel secundario: una protagonista descocada por aquí, una adversaria ligera de ropa por allá… Como en otros ámbitos de la vida, y salvo ¿honrosas? excepciones, el sexo más explícito quedaba relegado a productos con una intención más centrada en la excitación sexual de su audiencia; hechos para consumir en la soledad del hogar en un ordenador personal, lejos del mainstream y de la supuesta respetabilidad asociada al mismo.

Pero la pulsión sexual es fuerte, y hasta los salones recreativos tuvieron su lado picarón, de la mano de una alianza que, a fuerza de repetirse, quedó convertida en una unión inquebrantable a nuestros ojos: la que unió al erotismo con los juegos de puzle.

Pantalla de título de Gals PanicPara muchos de los imberbes adolescentes y preadolescentes que nos dejábamos la semanada en aquellos antros de vicio y perdición llamados recreativos, tal unión se dio a conocer por primera vez con un juego llamado ‘Gals Panic’. Se trataba de una máquina recreativa basada en el concepto básico de ‘Qix’ y ‘Super Qix’ de Taito —esto es, rellenar un espacio vacío, evitando ser pillados por un enemigo que se desplaza por él, hasta completar suficiente porcentaje de la pantalla para revelar un bonito dibujo o animación— pero añadiéndole un aliciente de lo más picarón: ir mostrando imágenes de muchachas orientales de buen ver en progresivo estado de desnudez. No era la clase de juego que una compañía respetable, como Capcom o Sega, sacaría al mercado: era obra de una desarrolladora prácticamente desconocida en tierras occidentales, Kaneko, y que por tanto no tenía reputación que arruinar, y sí una mala fama que irse ganando.

Bendita mala fama, porque ‘Gals Panic’ fue uno de esos juegos que contribuyó con fuerza a que los que éramos enemigos del género nos empezáramos a acercar a él, como ya comenté por aquí. Soltar una de las escasas monedas de cinco duros disponibles a esas edades en jugar un ‘Tetris’ se antojaba un desperdicio, existiendo máquinas más vistosas y con más efectos especiales. ¿Gastarlo en un juego similar, pero con el aliciente de disfrutar de tetas y culos con cada nivel completado? ¡Ah, amigo, eso era harina de otro costal! En aquellos tiempos, en los que internet era un concepto ni siquiera soñado por nuestras inmaduras mentes, y el acceso a la Playboy y demás «revistas de señoras» estaba supeditado tanto a nuestras exiguas finanzas como a la adhesión más o menos estricta a la ley de los quiosqueros, ‘Gals Panic’ era un oasis para las hormonas desbocadas de la chavalada de aquel entonces.

Un nivel cualquiera de Gals PanicPor aquellas épocas no lo sabíamos, pero ‘Gals Panic’ venía a trasladar a los salones de maquinitas la tradición del eroge, o videojuego de naturaleza erótico-festiva, que desde 1981 venía salpimentando la experiencia de juego en ordenadores personales de los jugones del país del Sol Naciente. No era el primero en hacerlo: Data East ya sacó en 1987 ‘Pocket Gal’, un juego de billar que nos invitaba a despelotar a bonitas señoritas representadas con los toscos gráficos de la época, y el ‘Puzznic’ de Taito ofrecía un premio similar por cada serie de niveles completada. Lo importante de ‘Gals Panic’ fue que nos mostró carnaza de cierta calidad, sin caer en la pornografía, y para los mocosos con picores inguinales que éramos entonces eso bastaba y sobraba.

Kaneko había abierto la veda. La compañía explotó el filón de «’Qix’ con muchachas de buen ver» en múltiples secuelas, que acabaron cambiando a las modelos reales por chicas de anime, pero para cuando lo hizo otras compañías habían visto claro el asunto: el puzle y el erotismo más o menos fuerte pegaban bien juntos. Tal vez fuera porque el propio carácter del género, con sus formas y acciones alejadas de intentar representar la realidad, se prestaban con facilidad a añadir esta clase de contenido, a la manera de «un poco de azúcar en la píldora»; o tal vez fuera porque, como reza el dicho popular, «tiran más dos tetas que dos carretas». Fuera por una u otra razón, pronto salieron competidores y clones más o menos evidentes, tratando de superar a la serie de Kaneko no tanto en mecánicas jugables como en grado de explicitud de las imágenes que servían de premio al esfuerzo de los jugadores.

Mameui64 2016-03-17 00-11-27-45En el grupo de los clones, uno de los más obvios y vergonzosos era ‘Miss World 96’, aparecido en el año que indicaba su título con una calidad gráfica y sonora más propia de cinco o seis años atrás, una banda sonora a base de temas de Jean-Michel Jarre y de lo peorcito de la mákina imperante en aquellos tiempos —cuya presencia en el juego es muy dudoso que fuera debidamente licenciada—, una jugabilidad calcada del ‘Gals Panic’ original —con fusilamiento de efectos de sonido y enemigos incluido— y un inglés atroz en las instrucciones que nos daba el juego. Ah, y fotos digitalizadas de carácter bastante más explícito que el juego al que copiaba sin pudor, con todo el aspecto de haber sido fusiladas de la colección de Penthouse de alguno de los perpetradores de tamaño despropósito; perpetradores, por cierto, que ya habían cometido el mismo crimen contra el buen gusto con ‘Fantasia’, y que perseverarían en él con ‘Fantasia II’ y ‘New Fantasia’, títulos todos ellos que nada tienen que ver con la recordada sinfonía animada de Disney y sí con sacar los cuartos al personal.

Mameui64 2016-03-16 22-55-26-54En el grupo de los competidores, había propuestas como la de la desconocida Yanyaka y su ‘Lady Killer’, con un simpático buzo amarillo y rojo que tenía que ir dando la vuelta a los paneles que ocultaban algunas de las señoritas cuya progresiva desnudez nos impelía a seguir jugando. Era éste un juego con un ritmo progresivamente más frenético, puesto que los enemigos nunca dejaban de aparecer, teníamos que controlar el tiempo de inmersión de nuestro buzo so pena de ahogarlo, y cada nueva chica presentaba un aumento progresivo de los enemigos y las dificultades; además, al final de cada serie de niveles se nos invitaba a gozar de una escena bastante explícita que, para colmo, debíamos desbloquear… meneando el joystick a izquierda y derecha.

Otro juego de esa época que aparecía con cierta frecuencia en los recreativos era ‘Splash!’, de la española Gaelco, en la que manejábamos una brocha con la que eliminábamos la pintura azul que cubría las imágenes de estupendas señoritas (más fuertes que las de ‘Gals Panic’, pero sin llegar a los niveles de ‘Lady Killer’) y disparábamos a las burbujas que intentaban eliminarnos.

Entre ellos, también se colaban a veces los juegos de emparejar piezas basados en el mahjong con reclamo erótico incluido, como ‘Sichuan’ de Tamtex, y quien más y quien menos se animaba a bregar con tan exótico pasatiempo en pos de los deseados desnudos; lo que llegaba aquí, a su vez, no era sino una minúscula muestra de la producción de juegos de mahjong de contenido sexual de Japón, cultivada sobre todo por la compañía Nichibutsu.

Primer nivel de Dancing EyesIncluso Namco se atrevió con el género con ‘Dancing Eyes’, basado en un principio similar al de ‘Gals Panic’, pero con la particularidad de que nuestro avatar en el juego (una especie de mono) tenía que desplazarse sobre el cuerpo de muchachas renderizadas en las toscas 3D de la época, deshaciendo sus vestidos por paneles a base de clavar una especie de alfiler y dibujar con un hilo un circuito en torno a los paneles a deshacer. El erotismo aquí no pasaba de algunas muchachas en ropa interior con aspecto de personajes de anime, pero era todo un cambio de registro para una compañía que para nada asociaríamos con ese tipo de entretenimiento.

No fueron estos los únicos juegos de carácter picante que jalonaron mi adolescencia en tantos y tantos salones recreativos, pero sí que son los que ahora me vienen a la memoria. Hacer una lista exhaustiva podría dar para un libro, entre aquellos títulos que no soy capaz de recordar y aquéllos que, para empezar, nunca llegaron a nuestro país por alguna u otra razón. Tampoco es que importe, porque mi paso a la edad adulta vino marcado por la progresiva decadencia de los juegos de recreativa, unida al auge de internet y, con ello, el cada vez más sencillo acceso a material de bastante más dureza que el mostrado por esos juegos.

Flyer promocional de Dancing EyesVeinte años han pasado ya desde entonces, y toda esa carnaza visualizable a base de esfuerzo en los mandos (y de gastar monedas de cinco duros) se nos antoja de lo más inocente. Parece mentira que gastásemos tanto dinero en recreativas que nada tenían que ver con la acción macarra de un ‘Final Fight’, ni con la trepidante lucha aérea del ‘Raiden’, y que desde luego no tenían la vistosidad de juegos pertenecientes a géneros más convencionales. Éramos, claro está, esclavos de nuestros apetitos, que en aquella época de confusión y cambios corporales que es la adolescencia andaban de lo más disparados; los desarrolladores, que bien lo sabían, nos ponían el anzuelo, y con gusto nos lo tragábamos, jugando partida tras partida a juegos que, de no tener tal reclamo, ni se nos ocurriría tocar.

O tal vez sí. Después de todo, ‘Gals Panic’ era un clon más que competente de ‘Qix’, y ‘Lady Killer’ tenía a su favor una jugabilidad tan sencilla como frenética. De cualquier manera, a más de uno le sirvieron como puerta de entrada al género; y si no, al menos le alegraron los rigores y angustias de la adolescencia. Claro que, cuando uno se para a mirar aquella época con los ojos de ahora, no puede evitar pensar en que las féminas no tenían diversión equivalente en los recreativos, y que a más de una le desagradarían esos juegos. Pero esa es una lata de gusanos que no toca abrir hoy.

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