Encantado de odiarte, Ancestro

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8 febrero, 2016

Es tarea del villano hacer interesante la historia, y eso no es posible si no le conocemos a fondo a lo largo de la obra. Por eso, en los videojuegos hace falta algo más que una batalla final memorable para que el villano del juego se nos quede clavado en la memoria. Oh, sí, el que la batalla final sea memorable ayuda, qué duda cabe: miremos si no al ‘Metal Gear Rising: Revengeance’ y a esa batalla con el senador Armstrong, que quedó convertido a partir de entonces en icono inmortal y perenne fuente de memes. Pero tiene que haber un trabajo previo de familiarización con el malo, de exaltación de sus maldades, que avive el fuego del odio hacia él y las ganas de borrarle de la existencia; de lo contrario, podemos quedarnos pensando «vale, esta batalla permanecerá en mis mejores recuerdos mucho tiempo… pero ¿quién diablos era ese tipo?».

Y por eso, aprovechando que hace nada y menos terminé al fin el excelente y difícil ‘Darkest Dungeon’, del que el compañero Víctor Paredes ya cantó excelencias en uno de nuestros números pasados, voy a permitirme hablar del que, sin duda, es el villano principal del juego, y de cómo los muchachos de Red Hook lo construyen con maestría a lo largo del desarrollo de la acción, logrando que para cuando llegue la pelea final estemos ardiendo de rabia hacia él. Me refiero, por supuesto, al Ancestro.

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¿Pensabais que iba a hablar de la abominación surgida del portal de la Mazmorra Oscura de la que recibe nombre el juego? Eso tal vez sea porque no os habéis planteado las cosas con frialdad, o quizá porque aún no habéis jugado mucho al juego. En un primer momento, viendo la intro en la que el Ancestro escribe su desesperada carta reclamando a su descendiente que libre al mundo de ese horror, puede parecer que Aquello Que Vino Del Portal es el villano de la historia; es a medida que avanzamos en el juego, y que la propia voz de ultratumba del Ancestro nos habla de cómo llegó hasta la apertura del portal maldito, que descubrimos que no es así. La entidad del portal puede ser una amenaza a todo lo vivo, un mal antediluviano que nunca debería haber despertado, pero el Ancestro y su depravada búsqueda de poder místico son las culpables de que viniera a nuestro mundo… y de mucho más. Mucho, mucho más.

Es a medida que jugamos el juego, y que vamos desbloqueando y enfrentando a los jefes finales de las diversas áreas, que descubrimos por qué los habitantes del poblado que nos sirve de base de operaciones acabaron por ir a por el Ancestro con horcas y antorchas. Cada una de las tres versiones de cada jefe viene acompañada de un fragmento de la historia de cómo esa criatura llegó a existir, y todas esas historias tienen un punto en común: fueron las acciones del Ancestro, de manera más o menos directa, las que provocaron su aparición. ¿El Nigromante? Uno de los estudiosos a los que el Ancestro invitó a su casa y, una vez aprendió suficiente de sus artes oscuras, asesinó para luego resucitar como muerto viviente. ¿El Rey de los Cerdos? La que debía ser la obra cumbre de sus experimentos demonológicos, que resultó en un decepcionante fracaso en forma de bestia grande y estúpida. ¿La Tripulación Ahogada? Contrabandistas que le proveían de material y que, cuando se pusieron tontos con el precio de sus servicios, fueron despachados con un ancla maldita que les convirtió en almas en pena. Y todo así.

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Por supuesto, esto significa que estas acciones del Ancestro son las que atrajeron a las diversas criaturas de la oscuridad y rufianes que plagan las tierras de su antaño próspera familia. ¿Los bandidos? Matones a sueldo para que los lugareños no le dieran su merecido cuando los rumores de sus actividades empezaron a inquietarlos. ¿Los monstruos pelágicos? Una más de las alianzas blasfemas que formó en su búsqueda del portal. ¿Los horrores del bosque? Sirvientes de la odiosa bruja caníbal en la que se convirtió la que fue su tutora en artes alquímicas y medicinales. Para cuando por fin nos adentramos en la Mazmorra Oscura, no nos queda la menor duda de que las acciones del Ancestro atrajeron la ruina a esta tierra incluso antes de dejar pasar al Mal Primigenio a nuestro mundo.

Los muchachos de Red Hook construyen tan bien a su villano que cuando llega la pelea final estamos ardiendo de rabia

Lo peor de todo es que, cuando nos remontamos a la intro, nuestra primera impresión del personaje, no encontramos otra razón para sus actos que el puro y duro aburrimiento de hombre rico sin oficio alguno: «engordado por la decadencia y el lujo», nos dice, «y sin embargo empecé a cansarme de la extravagancia convencional». En el fondo, y dejando aparte la impresionante barba que luce (y el espectacular vozarrón que gasta, gracias a la soberbia interpretación de Wayne June), no es diferente de esos niñatos con dinero y sin valores que vemos en Gandía Shore, en My Super Sweet 16 o en algún ejemplo similar de telebasura. Lo único que le diferencia es que él, en vez de montar orgías de sexo y alcohol, se dedica a traficar con poderes abominables y a entregar a muchachas inocentes a los pelágicos para asegurarse de que no cuentan nada de él.

Encantado de odiarte Ancestro - El Ancestro escribe su cartaAsí y todo, es por su iniciativa que comenzamos la acción, intentando parar la llegada del Mal al mundo. Porque hasta él, tan monstruoso como era, tenía sus límites: límites que cruzó la que acabaría siendo la bruja caníbal, al experimentar en sí misma hasta transformarse en una abominación antropófaga; límites que él mismo vio pulverizarse cuando por fin abrió el portal y contempló, horrorizado y con su cordura deshaciéndose, la verdadera magnitud de sus actos en forma de horror más allá del espacio y del tiempo. Es su voz, desde más allá de la tumba, la que nos acompaña en cada momento, animándonos a seguir, celebrando nuestros triunfos y lamentando cada revés de nuestra fortuna.

Lo que no quita para que, cuanto más sepamos de él, más le odiemos, y más deseemos una oportunidad de volver a verle vivo para partirle la cara; algo que, en cierta manera, el juego nos concede al final. Mientras tanto, hasta que llega ese momento, disfrutamos como enanos odiándole por odas las penalidades que tenemos que soportar, todos los horrores que tenemos que contemplar, y todas las abominaciones a las que tenemos que volver a mandar, con gran peligro para nuestra salud física y mental, de vuelta al Averno del que jamás deberían haber salido. Por todo ello, aun cuando nuestras manos ansían agarrarle por el gaznate y apretar hasta que vuelva a morir, tenemos que quitarnos el sombrero ante su villanía, y reconocer con humilde agradecimiento una cosa: estamos encantados de haberte conocido, Ancestro. Encantados de conocerte y, ante todo, encantados de odiarte.

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