Perdiendo el Toque

Shadow Warrior 2

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22 diciembre, 2016

Apurando los últimos coletazos del año, como el que aspira de un cigarrillo que ya sólo quema el filtro, creo que estaremos todos de acuerdo en que 2016 ha sido, en términos generales, un año de mierda. La ingente cantidad de pérdidas en lo que a figuras de distintas disciplinas artísticas se refiere ha ido echando tierra sobre nuestra moral mientras la lluvia de malas noticias no cesaba. Palada tras palada, hemos visto la victoria de Trump, atentados y masacres por todo el globo terráqueo… es quizá por ello que, a cambio, 2016 ha querido nivelar el karma y proporcionarnos un año repleto de fascinantes videojuegos de calidad con los que poder evadirnos y alejar nuestros pensamientos en nuestros ratos libres. Ha sido un año fantástico para todos los géneros, pero en especial uno ha brillado por sí mismo renaciendo de sus cenizas: los shooters en primera persona.

Confieso que tras terminar este segundo párrafo he tenido que volver sobre mis pasos y reformularlo de nuevo. No podía sino dejar constancia de mi sorpresa al encontrarme escribiendo que juegos como ‘Titanfall 2’, ‘Call of Duty: Infinite Warfare’ o ‘Battlefield 1’ nos han brindado campañas sólidas alabadas por crítica y público. Que un hijo de la era eSport como ‘Overwatch’ ha revitalizado con carismática brillantez el género en su vertiente multijugador. Que el regreso de ‘Doom’ nos devolvía con nostalgia bien trabajada la gloria frenética de los noventa. Que incluso nombres propios que quizá no descansan bajo la sombra de la dichosa palabra shooter, como ‘Dishonored 2’ o ‘Deus Ex: Mankind Divided’, nos han permitido liberar tensiones a golpe de matanza cuando nos hemos deshecho del bozal del sigilo y la estrategia. Un año con olor a napalm, como Dios manda. Y puestos en fila y vistos en perspectiva, nos podrían llevar a pensar que, por cantidad, todos ellos han sepultado el lanzamiento de ‘Shadow Warrior 2’. Y nada más lejos de la realidad, puesto que si el título de Flying Wild Hog queda relegado a la segunda línea en la gala por el reconocimiento en su género es, por desgracia, por deméritos propios.

Shadow Warrior Lo Wang

Pero primero pongámonos en situación: ‘Shadow Warrior 2’ es una secuela directa del título homónimo de 2013 que, a su vez, era un reinicio de la saga iniciada con el clásico ‘Shadow Warrior’ de 1997, habiendo sido los más recientes desarrollados por, bendita Polonia, Flying Wild Hog. El original era producto de nada más y nada menos que 3D Realms y obvia decir que, quizá no en su momento, pero acabó convirtiéndose en un clásico del género. El nuevo ‘Shadow Warrior’ fue un reboot heredero directo del legado de aquel clásico y de sus compañeros de generación. Un shooter pasillero que ya coqueteaba con un diseño de niveles algo más creativo y ramificado que el original y repleto de acción descerebrada y personajes caricaturescos en un mundo desquiciado. La acción, sazonada con humor irreverente, nos hacía sufrir como hijos de puta en su dificultad más alta para superar los niveles infestados de enemigos. Un juego que apelaba a lo más arcade del género. Que nos dejaba divertirnos cercenando miembros de hordas de demonios con un sistema de combos sencillo pero efectivo y un recorrido prácticamente lineal que nos llevaba de un punto de interés de la trama al siguiente manteniendo un ritmo vibrante pero equilibrado.

La acción, sazonada con humor irreverente, nos hacía sufrir como hijos de puta en su dificultad más alta para superar los niveles infestados de enemigos

En él encarnábamos (como ya ocurriera en el clásico de 1997) al puto Lo Wang, y es justo como os lo imagináis: el típico antihéroe deslenguado siempre con un chiste irreverente en la recámara con el que cerrar una conversación o una masacre. En aquella primera aventura el Macguffin tenía nombre propio: Nobitsura Kage. La ancestral katana que se nos encargaba comprar en una primera misión que, cómo no, se iría al garete para desencadenar los eventos a los que haríamos frente. Ya en este primer título se veía un mayor desarrollo del lore del juego, dando mucha más importancia a las deidades demoníacas y con una estructura y una historia interna que recordaban a las de las mitologías clásicas. Líos incestuosos entre dioses, traiciones familiares y un Reino de las Sombras a punto de colapsar ponían el lienzo donde pintaríamos la historia de venganza de Wang. Avanzábamos por un mundo que mezclaba paisajes orientales con la estampa típica que podríamos esperar de la llegada del infierno a la Tierra. Nos enfrentábamos a las hordas del averno armados con nuestra katana y un arsenal de letal pirotecnia que asustaría al mismísimo Duke Nukem. También se nos presentaba un sistema de habilidades y puntos de karma que nos permitían ir mejorando nuestro personaje y desarrollar todo su potencial. Combos, bonus varios y poderes demoníacos íbamos desbloqueando para hacer nuestro camino más fácil y divertido. Y para los que dominan algo de inglés y siguen dándole vueltas al nombre de nuestro protagonista, sí, no es cosa vuestra: el apellido de nuestro carismático salvador es un sinónimo de polla. Creo que deja bastante claro de qué va la movida.

Think you can handle the Wang?

Think you can handle the Wang?

Con estos cadáveres ya fríos a nuestras espaldas volvamos a 2016 y hablemos de ‘Shadow Warrior 2’ y lo que nos quiere contar, que ocurre cinco años después de los hechos que narra su antecesor. El comienzo del juego calca de manera literal el arranque del primero: Lo Wang vuelve montado en su buga con ‘The Touch’ de Stan Bush a todo trapo y su inseparable katana en el asiento del copiloto mientras se dirige a una nueva y sangrienta misión. Se trata de un tutorial magnífico que no por repetir esquema se siente peor. Nos enseña las habilidades y el ampliado sistema de mejoras de nuestro personaje, el (de nuevo) preciosista acabado visual —ahora con una cucharadita de ‘Far Cry: Blood Dragon’ en la mezcla— y nos deja hacernos con los controles. Un par de chistes, otros tantos mandobles y todo está en su sitio y bien engrasado. Todo se siente bien. Otra aventura desquiciada repleta de demonios, ocurrentes chascarrillos y exagerada acción noventera. Y, sin embargo, como un medkit que desaparece ante nuestros ojos antes de poder alcanzarlo, todas estas sensaciones se desvanecen como la vida de nuestros enemigos entre los dedos de las manos. El tutorial nos empuja directamente al mundo que Flying Wild Hog ha diseñado para nosotros y, joder, qué pena.

En la información que podemos encontrar sobre ‘Shadow Warrior 2’ siempre se destaca la generación procedimental de los escenarios que hace que los retos que nos propone sean siempre distintos y atrayentes haciendo de la rejugabilidad su mayor baza. Y no me malinterpretéis, los escenarios que nos propone el juego son variopintos y, efectivamente, diferentes unos de otros. Pero es curioso y revelador comprobar que, si mantenemos esa tecnología en el centro de un hipotético esquema de diseño entendemos a la perfección el resto de decisiones de diseño que no terminan de casar bien las unas con las otras.

Shadow Warrior 2 Sister Demon

El «si algo funciona no lo toques» es una máxima que suele funcionar bien casi en cualquier situación, y si bien la innovación y la implementación de nuevas características es una necesidad en ciertas sagas, es difícil que encaje a la perfección con la moda que reine en ese momento. En un mercado repleto de juegos de mundo abierto y donde el más es sinónimo de mejor para una consumista mayoría, es triste pensar que, aunque equívoca, es una decisión lógica. Me jugaría una mano a que en las primeras reuniones del equipo de diseño alguien gritó con ferviente convicción «¡‘Borderlands’!» y casi seguro que no la perdería. Su influencia está en cada rincón, se respira en cada decisión de diseño. Nos encontramos con que, tras el tutorial, se nos deja en un mapa que parece más grande de lo que es para que vaguemos por él charlando con las extravagantes gentes del lugar y nos den misiones con las que poder mejorar nuestras armas y habilidades. Se trata de juntar una base sólida de shooter noventero con una narrativa y diseño de juego de mundo abierto con generación procedimental de escenarios heredado de la escena roguelike. Este telar fabricado con tan dispares tipos de hilo hace que el resultado sea áspero al tacto. Nos encontramos con que para avanzar en la historia principal —lo cual es prioritario dados los gritos y exabruptos que escupen los distintos protagonistas de la misma urgiéndonos a evitar el fin del mundo— un cartel nos insta a realizar distintas misiones secundarias dado que es posible que, con nuestro nivel actual, no seamos capaces de superar el reto.

Shadow Warrior 2 Zilla

Esta contradicción entre narrativa y mecánicas es algo que impacta en nuestra cara como un chiste malo, y es algo que afecta a la experiencia final

Esta ruptura constante del tempo del relato es algo terrible en un juego donde la historia principal por sí misma no es lo suficientemente interesante. Se nos insta a hacer misiones alternativas pero éstas tampoco son relevantes. Nos volvemos a encontrar con el enésimo recado a cumplir para un personaje que ni conocemos ni conoceremos. Y es justo aquí donde retomo la comparación que hacía más arriba: donde ‘Borderlands’ brilla, ‘Shadow Warrior 2’ no puede sino quedarse en el intento. El carisma es algo más que unas cuantas palabras malsonantes y referencias a obras de la cultura pop. El mundo de Pandora estaba lleno de misiones irrelevantes pero una curiosidad y un interés sincero por los personajes que se nos presentaban nos hacía movernos de lado a lado, incluso sabiendo que era una tarea repetitiva y anodina. Se palpaba un mundo vivo, original y lleno de historias interesantes. Sin embargo, en el juego de Flying Wild Hog no encontramos esa frescura más allá de un humor escatológico y soez que es posible que nos levante alguna carcajada, pero que desde luego no disimulará las carencias de un mundo que, en realidad, no está del todo diseñado a mano. Esta contradicción entre narrativa y mecánicas es algo que impacta en nuestra cara como un chiste malo, y es algo que afecta a la experiencia final.

Shadow Warrior 2 Blood Dragon

La configuración de un mapa con personajes de interés con los que hablar para que nos den misiones que, una vez completadas, nos darán la opción a elegir entre dos recompensas es sólo la punta del iceberg de esas referencias mal usadas a la hora de plantear el juego, y que denotan ese conflicto interno al que me refiero. El juego, en su dicotomía, acaba generando situaciones dantescas donde encontramos personajes distintos de misiones diferentes, pero con aspecto idéntico. Un mismo escenario de final de misión repetido hasta en tres ocasiones, pero habitado por tres personajes distintos. Nos aburriremos pasando una y otra vez por los mismos escenarios en busca de objetivos distintos y rehaciendo el camino andado para encontrar las llaves de las puertas que tenemos que superar. Esta ausencia de diseño de niveles como tal es un campo de minas para nuestra suspensión de incredulidad que salva única y exclusivamente un gunplay depuradísimo basado en la velocidad y la fluidez de nuestros movimientos que ahora incluyen filigranas como el agarre de cornisas o el dash aéreo. Porque no todo es malo, y el título mantiene su mayor baza: la acción que nos propone ‘Shadow Warrior 2’ hará las delicias del personal en las distancias cortas y se verá potenciado por un acabado visual fantástico. La mezcla de cultura oriental, ciudades cyberpunk que rozan lo retro-futurista e imaginería demoníaca viene salpimentada con efectos climatológicos y de partículas soberbios que golpean en unos escenarios que rayan lo fotorrealista. Si bien los escenarios no nos propondrán demasiados puntos de interés, una fuerza visceral nos impulsará a intentar recorrer el mapa buscando pelea intentando desatar toda nuestra furia destructora en un placentero frenesí. Los combos que podremos ejecutar con nuestra katana, que requerirán de la pulsación de varias teclas, harán que nos detengamos unos segundos al acabar la contienda para coger aire. Y si se nos acaba la paciencia con el bushido siempre podremos hacer uso del inmenso y variado arsenal que nos han manufacturado: desde horteradas demoníacas hasta extravagancias del más alto calibre, dispondremos de una gama inabarcable en una misma partida para que desatemos el infierno sobre esos pobres diablos.

Shadow Warrior Fortune Cookie

Esto último es por lo que vinimos y, siendo sinceros, es lo que nos hace quedarnos hasta el final: ‘Shadow Warrior 2’ brilla cuanto más nos adentramos en sus instintos más básicos. Cuando llegamos a su último círculo del infierno rodeados de miembros amputados y vísceras. Cuando nuestra existencia se reduce en dar a luz con la sangre de nuestros enemigos al Pollock más macabro en el lienzo de sus vibrantes escenarios con nuestra katana cual pintor de brocha gorda. Cuando nos movemos por ese museo de locura, diversión y frenesí en el que cada rótulo explicativo asociado a cada cuadro es un chiste sobre pollas. Porque jugar ‘Shadow Warrior 2’ es divertido de cojones, pero hacerle demasiado caso nos frustrará. El juego, en su inocente intento por dar un paso adelante, intentará que nos salgamos del Camino del Wang para distraernos con tareas indignas del Todopoderoso Lo Wang, por lo que la mejor opción es no tomárselo demasiado en serio, coger la pasta y largarnos antes de que nos demos cuenta de que al demonio se le ven las costuras.

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