¿A quién quiere Ubi que dispares?

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23 abril, 2018

Remontándonos unos meses atrás, coincidiendo con el anuncio de ‘Far Cry 5’, quizás recordéis cierta polémica concerniente a Ubisoft y su último juego. Esta vez no fue en torno a las dichosas cajas de loot, los dichosos downgrades o las dichosas microtransacciones (ojalá, pensarán ellos). No. Esta vez a quien enfadaron fue a nuestros queridos amigos los blancos supremacistas, que tanto ruido hacen cuando deciden no callarse. La cuestión es que, tal y como suele suceder cuando alguien hace ruido, es del ruido de lo que se habló. Una pena, si se me pregunta a mí, porque el ruido de interesante tiene más bien poco.

Lo que a mí me llama la atención no es el ruido en sí, venía a decir, sino su porqué. Y es que, si hablamos de Ubisoft, hablamos de la compañía que ha producido y lanzado 34 (treinta y cuatro, se dice pronto) juegos basados en licencias de Tom Clancy, afamado escritor de ultraderecha, republicano conservador, católico y ferviente defensor del intervencionismo americano en conflictos que, en principio, ni les van ni les vienen. En un mundo en el que el acoso sexual empieza a ser motivo de despido, Ubisoft sigue produciendo juegos basados en los libros de un hombre que se quejó de las críticas a la Iglesia por los casos de pederastia («Ya no puedes odiar a los negros, claro, ni tampoco puedes odiar ya a los homosexuales, pero puedes odiar a todos los católicos que quieras», dijo irónicamente al ser preguntado por el asunto). El último juego que lanzaron, ‘Tom Clancy’s Ghost Recon Wildlands’, iba de que los cárteles de la droga se habían apoderado de Bolivia y un grupo de mercenarios americanos se tomaba la justicia por su mano y se iba al país sudamericano a cazar narcos. La cosa era tan fascistoide que el gobierno boliviano emitió una queja formal al francés. GameReport ha tenido acceso a la transcripción del mensaje íntegro, que rezaba como sigue:

«¡Pero qué coño!»

Total, que podría seguir, pero creo que la idea está clara. Y hete aquí que lo que me escama es eso, que de repente y de la nada, una empresa totalmente cómoda haciendo juegos que satisfacían enormemente a cierta gente, decide producir uno que, saben, les enervará, hasta el punto de incluso buscar la confrontación directa. ¿Qué ha cambiado? ¿Es genuino un cambio de mentalidad tan abrupto? ¿El auge de la extrema derecha ha despertado conciencias? Mi explicación, me temo, es un tanto más mundana: hacer rabiar a Donald Trump, mandar a la mierda en Twitter a alguien con MAGA en el nombre, anunciar a bombo y platillo que no te importa cabrear a los malos porque tú eres uno de los buenos, todo esto, digo, se ha convertido en lo popular, lo comercial; lo rentable. Movimientos como el de Ubi son una prueba más de que las cosas están muy mal, sí, pero también de que algo estamos haciendo bien. De que somos muchos. Lo que toca es, a mi modo de ver, preguntarnos si merecen formar parte de esta lucha. Porque vienen del otro bando, porque se alimentan de aquel ruido del que hablaba y porque cuando el ruido cese, ¿de qué lado estarán?

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